El parlamento en Bruselas
31 Agosto 2008, escrito por ipit
Habitualmente suelo hablar del caótico sistema político español, porque es el que me toca de cerca, el que sufro directamente. Pero lo que se ha montado para gobierno de la Unión Europea resulta muy preocupante.
Como he dicho otras veces, la clase política, en el estado de desarrollo de nuestras sociedades, es simplemente un peso muerto que tenemos que arrastrar. En el día a día de la organización de un país sólo entorpecen lo que de forma racional funcionaría bastante bien. Y en los casos extraordinarios, cuando una buena idea o planteamiento ha de solucionar un problema, entonces es cuando verdaderamente brilla su incompetencia y escasez de luces.
En la UE no hace mucho que plantearon una Constitución que había de ser la de todos. Mal planteada o mal explicada, porque cuando empezó a votarse en los países miembros, se rechazó. Pues bien, decía Baltasar Gracián en su “Arte de la prudencia”, que lo peor que se puede hacer cuando se comete un error es taparlo con otro. Nuestros representantes en la UE decidieron que lo mejor era cargarse las siguientes votaciones de la Constitución, y aprobar algo parecido, pero a escondidas, sin contar con nosotros.
Aun así, en Irlanda, donde si han votado el nuevo invento –el Tratado de Lisboa-, han vuelto a decir no. Como siempre, la clase política, tan democráticos ellos –en especial nuestro ganado particular-, nos explican que los irlandeses no se han enterado de lo que votaban, porque si no hubieran votado sí, ya que todo es por su bien.
No sé si es un problema de capacidad, o simplemente jeta, pero no entenderé nunca porque cada vez que los ciudadanos les dicen a los políticos que no están de acuerdo con sus ideas, la respuesta de estos es algo así como, “pobres tontitos, no me han entendido bien”. En lugar de plantearse una opción diferente de la que les han rechazado. Pero esto es mucho pedir.
Como digo, esta incapacidad a aceptar las negativas de los ciudadanos, está llevando a la UE a funcionar cada vez más claramente al margen de los votantes. Y otro caso evidente es el de las enmiendas torpedo de las medidas para regular las telecomunicaciones.
Los eurodiputados saben de sobra que la inmensa mayoría de los ciudadanos no queremos el modelo de derechos de autor que las entidades de gestión pretenden preservar y, si pueden, endurecer. Y por ello, están pasando de nosotros.
Me entero además, de que piden informes que, como no comulgan con las tesis de los lobistas, directamente ignoran. Es decir, las entidades de gestión están negociando con los políticos, para que se haga lo que quieren, sin tener en cuenta nuestra opinión. La “parajoda” es que esos políticos nos representan a nosotros y, por ello, su opinión debería ser la misma que la nuestra.
Pronto vendrán las elecciones al Parlamento Europeo, pronto los veremos de nuevo babear por nuestros votos, contándonos aquello de que defenderán nuestros derechos en Europa. Sabemos que es una enorme mentira, que sólo defenderán a quien tiene dinero fresco para poner encima de la mesa. Mi consejo, mi recomendación, la misma que hago para las elecciones en España, no votar, porque cualquier otra opción les permite decir que estamos de acuerdo con el sistema político que han montado. Un sistema en el que somos simple atrezo.





