Subscríbete a
Entradas
Comentarios

Cambiar nuestra forma de ver la política

Que en este mundo las cosas no son blancas o negras, que en toda circunstancia hay matices, es algo que no hace falta explicar. Pero, por razones diversas, una gran mayoría de españoles sigue cayendo en la trampa a la que nos lleva la clase política, consistente en polarizarnos ideológicamente en dos bandos. Esto permite a nuestros dirigentes, de los dos partidos mayoritarios, tener una base de votos fieles como colchón para cualquiera de sus fechorías.

Así, da igual mala gestión política, corrupción, despilfarro, etc., porque “los míos” me perdonarán todo. Las tácticas utilizadas son parecidas a las de los sargentos de marines en las películas –evidentemente, si la invitación a matar-: unos meses antes de las elecciones, se personaliza en el contrincante político el enemigo, y se sacan a pasear los insultos de manual. Se va calentando al electorado, y al final tenemos garantizado de nuevo el voto fiel.

Esta inmovilidad de una gran parte del electorado, está haciendo mucho daño a nuestro sistema político, que, por otro lado, desmonta a diario la clase política. Si desde el poder, se enseñaran valores democráticos, se buscasen las reformas para llegar a una democracia real y se velara, después, porque esta perdurase, dicha fidelidad ciega no sería un problema, entre otras razones, porque seguramente desaparecería.

Pero los dos partidos políticos mayoritarios, saben perfectamente, que enseñar lo que significa creer en la Democracia, no les beneficia para mantenerse en el poder, y por ello continúan con la división eterna de las dos Españas.

Y por si alguien se pregunta cómo es posible que afirme que los partidos políticos no enseñan lo que significa la Democracia, aclaro que no me refiero a discursos hueros, llenos de palabras bien sonantes, si no a dar ejemplo con los hechos. Simplemente, para no extenderme, ninguno de los dos partidos PSOE y PP, tratan con el mismo rasero la corrupción entre sus miembros que en los del contrario. Hacer uno mismo, lo que se le pide al contrario, sería una praxis democrática.

Los españoles deben quitarse la sempiterna idea de que en política hay que ser de un bando u otro. Principalmente, porque ahora ya no hay bandos, sino intereses. Y los de los ciudadanos casi nunca coinciden con los de la clase política, y mucho menos aquí.

Nuestro poder reside en meterle a la clase política el miedo en el cuerpo, que vivan pensando que si no hacen lo que queremos se van a la calle. Pero no diez diputados arriba o abajo, sino cien, el Congreso entero cambiado por completo. Si la clase política temiese un cambio de esas características cada cuatro años, ténganlo por seguro, viviríamos mucho mejor. No lo duden.

Perder pie

Por desgracia para los españoles, nos espera unos años muy malos. Y no sólo por la situación económica, sino porque quien gobierna ha perdido pie: su única preocupación es que su imagen política no se deteriore demasiado.

Ciertamente, hace tiempo que perdí la esperanza de que nuestra clase política tenga sentido de estado, es decir, que se preocupe más por el gobierno del país que por sus intereses particulares. Pero cuando un gobierno realiza una maniobra como la que hizo Zapatero con la retirada de la enmienda pactada con IU-ICV, para no perder la siguiente votación –o para no encarecer los fichajes del Barça, vaya usted a saber-, es que ha llegado al punto de que hará lo que sea, para evitar perder votaciones en el congreso.

Y en ese lo que sea, no se contemplan los perjuicios a los ciudadanos de este país, porque la no subida de impuestos a las rentas más altas, significa que nos caerá a los demás. Puede que alguna iniciativa nos beneficie, pero cuando se actúa sin un plan claro –descontando el de sobrevivir políticamente-, y más en tiempos tan difíciles, los resultados no suelen ser buenos.

Las mentiras, y gordas, que diría la Ministra de Cultura, aparecen por doquier. Y cuando hablas con la gente, aprecias un estado de resignación, esperando un milagro, porque no se ve ninguna solución. Y como sucede a veces en el futbol, tenemos la certeza de que, o cambiamos de entrenador o nada va a mejorar. Y el entrenador en este caso, o sea, Zapatero, espera que la economía se arregle fuera de España para que la mejora en otros países europeos nos arrastre a nosotros. Y no parece que vaya a ser así, porque aunque es evidente que si la situación mejora en Europa, nosotros lo notaremos, el enorme daño que están sufriendo nuestras empresas –pymes y autónomos-, no se va a solucionar desde fuera.

Cansado ya, un día sí y otro también, de escuchar la máquina de propaganda del gobierno decirnos lo preocupados que están por los que más sufren la crisis, termino con una frase de Vicente Ferrer, que murió la semana pasada:

“El sufrimiento no está para ser entendido sino para ser resuelto.”

Ya llegó Paco

Sí, se acuerdan, el de las rebajas. Es normal, el gobierno cuando gastaba millones estaba envalentonado, como si salieran de la cartera del presidente, pero sabemos –o deberíamos saber- que luego hay que pagar la fiesta.

Por supuesto, estas cosas no hay que anunciarlas antes de unas elecciones, ya que resulta desagradable. Incluso los brotes verdes de antes del 7 de Junio, se han transformado en las previsiones del gobierno para los próximos años, mucho menos optimistas. Y conociendo al gobierno, dudemos de su fiabilidad por la cuenta que nos trae.

Lo curioso de la primera subida de impuestos –que no la última- para pagar la fiesta, es que se hace, una vez más, con impuestos indirectos. El sin vivir de nuestro presidente por el bienestar de los que menos tienen, curiosamente desaparece a la hora de recaudar, que bien podría haberle subido los impuestos sólo a quienes tienen unos sueldos hermosos –menos a Leire, que tanto bien nos hace-, y no indiscriminadamente. Por otro lado, no sé cómo piensan reactivar el consumo, sin nos dejan menos dinero en la cartera.

Pero esto es lo que vamos a oír próximamente del perfecto departamento de propaganda de nuestro gobierno. La táctica es clara: antes de las elecciones era el optimismo, los brotes verdes, incluso, lo de que ya ha pasado lo peor -¡hay aquél debate entre Solbes y Pizarro!-. Ahora que van a venir a recaudar –a usted y a mí, repito, no a los que más tienen-, empiezan a decir que la cosa está muy mal, que no nos vamos a recuperar tan fácil, y que hay que sacrificarse –nosotros, no ellos, y sus estratosféricos sueldos-. Tienen dos años de margen para crujirnos –si nos dejamos-, hasta que volvamos a la cantinela del optimismo, y de que todo irá a mejor pronto, justo antes de las elecciones autonómicas del 2011.

El gasto sin control, sin mesura, como si el dinero no fuera de nadie –recuerdo cuando pusieron el canon a las bibliotecas, que nos dijeron que para los ciudadanos iba a ser gratis, como si las bibliotecas las pagase el ministro-, es un mal endémico en nuestros gobernantes, a cualquier nivel, desde los ayuntamientos hasta el gobierno central. Después, viene Paco con las rebajas, y se nos queda esta cara de tontos y apaleados.

Ejercer la vergüenza.

Si a las personas no se nos pone límites en nuestros actos, si no se nos marcan las reglas de juego, salvo raras excepciones, nos desmandamos y olvidamos que vivimos en una sociedad con vecinos a los que respetar. Cuando las personas, además, tienen un cargo público, la falta de control lleva al sistema político al desbarajuste.

Que el presidente del gobierno utilice como privados los medios que los españoles le cedemos para que ejerza las funciones de su cargo –presidente de todos los españoles-, es un abuso de poder y una desvergüenza. Además de adulterar las elecciones un poco más todavía, ya que, a la ventaja con la que parten los partidos mayoritarios –económica y de publicidad gratuita-, añadimos los recursos que le proporciona el cargo, con lo que puede asistir a más mítines que nadie.

En ocasiones anteriores han sucedido cosas parecidas, pero entonces, se reconocía el error y se hacía propósito de enmienda. Ahora no. Y es que, como tantas veces he comentado, el derrotero de nuestro sistema político, sin apenas forma de controlar a quienes ejercen el poder, nos lleva a que cada vez se tomen más privilegios como algo normal.

Nos están haciendo tragar estas ruedas de molino, poco a poco, sin que se note. Y es que, viendo lo que ha pasado en Reino Unido, aquí estarán pensando en institucionalizar todos los gastos que puedan tener, para que todo sea perfectamente legal. Ya sabemos que nuestros políticos hace tiempo que perdieron la vergüenza, pero no el respeto a la ley.

Enésima impostura

Leo en Guerra Eterna lo que el PSOE va a votar junto con la “derecha más derecha de toda Europa” –según Zapatero-: entre ambos eliminarán el concepto de jurisdicción universal. Es decir, ya no se podrá juzgar crímenes de guerra cometidos en otros países si no hay españoles afectados. Y lo mejor: Moratinos se lo prometió a Tzipi Livni.

¿Será posible que esta izquierda irreprochable se ponga de acuerdo en estos temas con el PP? ¿Llevaría Moratinos la Kufiya cuando habló con Tzipi?

Por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas…

El tumor de nuestro sistema político

Llevo tiempo diciendo, que lo mejor que le podría pasar a nuestro sistema político es que los dos grandes partidos (PSOE y PP) se fueran a la oposición por una larga temporada. Ambos han construido un régimen perfecto para la alternancia entre ellos, de tal forma que sus estructuras, el aparato del partido, no sufran por la falta de fondos necesarios para su mantenimiento, que, a día de hoy, son ingentes y opacos.

Su táctica es muy clara: polarizar a la población en dos bandos, enfrentados, para conseguir que los votos se los lleven uno de los dos. Y como sucede en este tipo de aberraciones en las que hay mucho dinero por medio, están dispuestos a lo que sea para mantener las cosas como están. Y, por supuesto, poco a poco van “perfeccionando” las instituciones para que ningún otro partido les dé un susto.

Ahora existe en España un partido que se podría llevar a los votantes que ellos tienen por propios, UPD. Ellos lo saben y están actuando en consecuencia.

En primer lugar, porque nuestro sistema político, marca diferencias en el momento de participar en unas elecciones. Sin una explicación razonable, no todos los partidos que se presentan tienen el mismo tiempo en las cadenas públicas: tienen más minutos los mayoritarios. ¿Por qué? Pues no lo sé. Cobran más del estado, por tener más diputados –lógico-; lo que no tienen sentido es que al participar en unas elecciones partan con ventaja.

Pero como decía, eso no es suficiente, y están dispuestos a mucho más para conseguir que nada cambie. A UPD se le ha ocurrido una forma de mitin muy original: se ponen en plena calle y permiten a los asistentes que pregunten lo que quieran. Evidentemente, esto hace mucha pupa a los dos dinosaurios, que siguen haciendo los mítines como los hacía Franco: todo muy controladito, con las juventudes del partido detrás del “líder” –esto, cada vez más, y lo siento si alguien se ofende, recuerda al Frente de Juventudes-, y con un discurso vacío, destinado a enardecer a los asistentes.

Solución: prohibimos los mítines de UPD. Y como este partido consiga más votos, veremos cosas peores.

PSOE y PP son el tumor de nuestro sistema político. Se han ido comiendo las bases democráticas, dejando una estructura vacía por dentro. Y lo que es peor, como Sansón, no vacilarán en destruir el edificio, si ven peligrar sus privilegios.

Llenando el Parlamento Europeo

Ya están aquí las elecciones europeas, esa cosa que nos pilla tan lejos a los españoles. Es cierto que muchos cambios legislativos en España de los últimos años, se han hecho por impulso de directivas europeas – sin ellas, seguiríamos viviendo con una administración de hace 100 años, por ejemplo-. Pero no es menos cierto, que a pesar de ese impulso, nuestra clase política nos sigue manteniendo como uno de los países más pintorescos de la UE en cuanto a las bases fundamentales de un país moderno y desarrollado: igualdad ante la ley, cantidad y calidad de los servicios que ofrece el estado e instituciones democráticas.

Lo que vamos a hacer es llenar el Parlamento Europeo (PE) que, como sabemos e increíblemente, tiene menos poder que el Consejo de la Unión Europea, formado por ministros de los países miembros, que no los elige nadie para esa función. Así, suceden cosas como el referéndum de la constitución europea, que como fue rechazada por Francia y Holanda, decidieron no seguir preguntando y cambiarla por el Tratado de Lisboa, al margen de los ciudadanos. Así, las instituciones europeas, se van alejando de los ciudadanos y acercándose a los poderes fácticos.

A pesar de todo, la única forma de que los ciudadanos de los países miembros pintemos algo, es estando en el PE, mediante nuestros representantes. Repito, nuestros representantes, es decir, que representen los intereses de los ciudadanos, no los de distintos grupos de poder, que pretenden leyes a la medida de sus necesidades.

Durante mucho tiempo creí que la abstención era la mejor forma de llamar  la atención a la clase política, para que realizasen los cambios que necesita el sistema. Ya no lo tengo tan claro, sobre todo, después de como se han aprobado algunos estatutos autonómicos, con participaciones menores del 50%; les da igual que vaya el 20% a votar, sería legal y no les importa más. Por eso pienso que tenemos que llenar el PE con partidos minoritarios, con representantes que nos agradezcan realmente la confianza que les demos y respeten nuestra opinión. Ninguno de los dos grandes partidos (PSOE y PP) lo harán; cualquiera de los dos –o los dos juntos-, en cuanto lleguen a Europa, realizarán la política que le conviene a quienes tienen la sartén por el mango –que, evidentemente, no somos ni usted ni yo-.

Mi opción desde las pasadas elecciones es UPyD, creo que es una buena manera de escapar de la tiranía de los dos grandes partidos, que nos llevan a la confusión elección tras elección: siempre hacen la misma campaña, siempre uno contra el otro, siempre intentando polarizar a los votantes entre los míos y los de enfrente, para conseguir que nada quede claro, con el fin de hacer después lo que les convenga en cada caso.

Esa es mi opción, pero como digo, cualquier partido minoritario sería bueno –salvo extremismos recalcitrantes, claro-. Sé que es muy difícil para estos pobres, que además de no tener dinero para hacerse publicidad, tienen que sufrir el ninguneo continuo de los medios públicos, que deberían ser de todos –todavía me subo por las paredes con la nueva idea de pagar RTVE con un impuesto sobre la ADSL-. Pero depende de nuestro interés que estás cosas cambien, de no dejarnos arrastrar por la corriente.

Sobre todo, y si realmente han decidido votar, eviten la campaña electoral. Busquen en Internet sobre los partidos que les interesan, e infórmense de verdad. De lo contrario, si asisten al espectáculo de la campaña electoral retransmitida por los medios tradicionales, se quedarán en casa.

Matar en nombre de la libertad

Volvemos a recibir noticias inquietantes de Afganistán –se producen a diario, pero sólo unas pocas llegan-. Noticias que nos indican que la situación allí no mejora por la acción de las tropas de la OTAN, sino todo lo contrario. Y, según ha dicho Obama, es su mayor preocupación internacional, aunque no parece que las cosas mejoren con su llegada al poder.

¿Y los españoles? Pues no se sabe. Para mí, lo mejor que podíamos hacer, es marcharnos –avisando antes, eso sí-. Y si Naciones Unidas, o la Unión Europea, quieren realizar alguna misión allí, de ayuda al gobierno afgano, podríamos ir. Pero esta cosa de ayudar a la guerra contra el terror de Bush, no da buenos resultados, aunque el jefe en EE.UU. sea ahora Obama. El objetivo de esta misión es, digan lo que diga, destruir. Dicen que a los talibanes, pero hay sobrados ejemplos de que destruyen todo lo que se ponga en medio, y si son ciudadanos inocentes, pues se les llaman daños colaterales.  Siempre he pensado, que quien da orden de atacar, debería valorar la decisión contando con que entre los daños colaterales estuviera su propia familia; pero no creo que me tengan en cuenta.

No sólo la vía militar va mal, en la civil, hace bien poco saltó la alarma con una nueva ley contra las libertades básicas de la mujer. Así que cabe preguntarse para qué ha servido todo el tiempo que la misión de la OTAN lleva desarrollándose. Quienes conocen la situación, y no son parte interesada, dicen que para muy poco.

Sinceramente, no sé si es posible “llevar” la democracia a Afganistán, pero lo que está claro es que con la OTAN desplegando toda su fuerza, sólo vamos a conseguir el odio de una población que sufre, además de a los talibanes, las bombas de quienes dicen que van a ayudarles.

Olimpiadas no, gracias

Volvemos con la matraca de las Olimpiadas. El mundo entero se encuentra en una grave crisis, España, mucho más –espero que el COI le pida los informes económicos a Bruselas, en lugar de a Zapatero-. En los próximos años vamos a necesitar todo el dinero de que disponga el estado para pagar la inmensa deuda que va a adquirir y, supongo, que para alguna inversión necesaria. España no está para meterse en ningún pufo más.

“Las Olimpiadas actuales operan en dos niveles: números rojos para el contribuyente y extraordinarios beneficios para contratistas y otros grupos de presión”. Esto es lo que piensa John Lucas, especialista en la historia de los juegos Olímpicos. Y el bueno de John pensaba en Los Ángeles y Nueva York, lugares en dónde se preguntó a la ciudadanía si querían celebrar unas olimpiadas, y esta contesto: sí, pero sin coste para el contribuyente. Y así fue.

Lo que sucede es que aquí, ni nos van a preguntar nada, y además, sabemos con seguridad, que las obras que se realicen reportarán pingües beneficios para unos pocos, y nos costarán un ojo de la cara al resto del país. Es cierto que unas Olimpiadas producen la mejora de muchas infraestructuras necesarias, pero a costa de producir otras muchas que no volverán a usarse una vez que acabe el sarao.

No sé si realmente habrá muchos españoles que deseen las Olimpiadas del 2016 –a la clase política y aledaños no le interesa saberlo-, aunque si supieran el coste que tendrán, creo que no muchos. En cualquier caso, y por desgracia, tenemos preocupaciones mucho más importantes para los próximos años.

Caída libre

Mi político ideal sería aquel que llega al cargo con ideas para solucionar los problemas –que existen previamente-, y que una vez solucionados, vuelve a su vida anterior. Si no logra solucionarlos, no insiste.

En el caso de gobierno actual en España, del señor Zapatero, voy a presumir la mejor de las intenciones para resolver el principal problema que padecemos, voy incluso a creer que las medidas que toma tienen la intención de mejorar el estado de nuestra economía.

Pero hay una realidad indiscutible: nada de lo que ha hecho ha mejorado ni un ápice la situación. Sin entrar en la trayectoria que ha seguido desde que supimos lo que venía encima –incluso antes, porque gobierna desde el 2004-, ni él ni sus ministros tienen idea, no digo de solucionar, ni siquiera de paliar la caída libre en la que estamos.

Llegados a este punto, es el momento en que un político que se considere mínimamente servidor público, ha de admitir que no encuentra solución al problema, y dejar el cargo para que otro lo intente.

Ya saben lo que pienso, que para que esto suceda, el sistema político debería permitir que los ciudadanos podamos obligar a los políticos a tomar decisiones que no les gustan. Mientras esto no sea así, no creo que tomen en cuenta mi petición, aunque las consecuencias sean nefastas.

Next »