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Que viene el coco

Desde que tengo uso de razón llevo oyendo cada cierto tiempo la cantinela de que nos quedaremos sin petróleo. No hace falta recordar la crisis del 73 o la del 79 –que me tocó más-, donde nos veíamos de nuevo en la edad de piedra –de ahí salió toda la serie Mad Max-, después, en cada desgraciada ocasión en que el petróleo repuntaba un poquito, veías en la TV al señor que había inventado el coche que funcionaba con agua.

Perdonen, pero no me lo creo. No me creo que nuestra vida vaya a cambiar de forma drástica –otra cosa es que cambiemos el petróleo por remolachas-.

Estoy convencido, desde hace varios años, que hay fuentes de energía alternativas como para que no se paren todos los generadores del planeta –como decían Siniestro, hacía la extinción- de la noche a la mañana. De igual manera que no me cabe duda que nos seguirán exprimiendo con el precio del petróleo hasta que deje de ser negocio, hasta el mismo momento en que sea tan caro que no se consuma en el volumen necesario como para ser negocio.

Y luego viene el problema español, que es un poquito más grave, porque dependemos de demasiada gente para abastecernos de energía –Francia, Marruecos, Argelia- y la pagaremos mucho más cara que el resto de países. Para la infausta moratoria nuclear no hay alternativas solventes, o al menos no se han buscado –otra vez los papás patrios que temían perder votos-.

En fin, que nadie se alarme. Quienes hacen grandes negocios en este planeta necesitan energía eléctrica para que sigamos consumiendo y no permitirán que eso se altere, al menos, no demasiado.

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