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Cuanta mierda, y yo que viejo.

Parafraseo a los Siniestro Total en el título, porque es lo primero que me ha venido a la cabeza cuando he leído al amigo David Bravo en su comentario sobre Telecinco.

Sospechábamos, más bien sabíamos -aunque uno de siempre un margen de credibilidad- que las acciones filantrópicas de las grandes empresas son meras acciones de marketing, destinadas a que la gente les quiera un poquito más. Y ellas, torpes como lo fue un gran dinosaurio, nos muestran esa realidad en cuanto tienen ocasión.

No puedo evitar que estas actitudes me fastidien, aunque de sobra sé que es la ley del mercado –y, además, con la edad, empiezo a verlas como parte del paisaje-, y que si hay pasta de por medio, se hace lo que sea necesario. No voy a entrar en la posibilidad de un organismo regulador que impida vender como solidaridad algo que no es; de leyes incumplidas y multas ridículas está este país lleno.

Yo que he hecho este verano una cura de desintoxicación televisiva, viendo sólo canales temáticos y de calidad, desearía que mis conciudadanos pudieran hacerlo también, pero claro, esto hay que pagarlo. La bazofia es lo gratuito.

Lo curioso es que, en esta España nuestra, vistos los 7000 millones de deuda televisiva, ni la mierda nos sale gratis.

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