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Quemar embajadas

No me gusta nada lo que está sucediendo en el mundo islámico. Por desgracia, creo que el desarrollo de sus sociedades es menor que el nuestro, y es difícil que lleguemos a entendernos, por lo que espero que podamos vivir pacíficamente, ellos en su cultura y nosotros en la nuestra. Acojamos a quienes quieren venir a trabajar y mejorar su existencia. Y nada más, y nada menos.

Pero he leído que han propuesto, a raíz de los incidentes con las caricaturas de Mahoma, que se cree una legislación que prohíba los ataques contra símbolos religiosos. Y en una mini tertulia en RNE1 de dos señores, un representante de las comunidades musulmanas en España, y, creo, que un teólogo –como la web de RNE no sirve para mucho, no he podido encontrar los nombres de los participantes- se ha llegado a desgastar la palabra respeto. El representante de los musulmanes –estoy convencido de que sólo representa a los que viven en España, y poco- decía que ellos respetan la libertad de expresión, pero sólo, añado yo, en los lugares en que nos encargamos de que se respete, porque en sus países de origen, en ninguno. Y en cuanto al español, nos contaba que la sensibilidad de los musulmanes es especial y que nosotros hace unos años –cientos- hubiéramos respondido igual.

Y precisamente esto es lo que comentaba anteriormente. Nosotros hemos evolucionado a un estado de cosas en el que nadie se rasga las vestiduras por una caricatura, y sobre todo, a nadie se le mete en la cárcel por una opinión. Sabemos que en los tiempos de la Santa Inquisición si sucedía, más aún, en este país hubo manifestaciones en las puertas de los cines cuando estrenaron Jesucristo Superstar –y alguien en su sano juicio puede creer que JS ofende a los cristianos-, pero no queremos volver a ese mundo. Nosotros ya lo superamos.

¿Cuál es el problema? Que ellos queman embajadas. Que utilizan la violencia para meternos miedo. Que sus gobernantes, incapaces de mejorar las condiciones de vida en sus países, utilizan el doble juego que aquí, y por desgracia, nos sabemos de memoria: por un lado condenan la violencia, pero por otro no hacen nada por evitarla.

Si no paramos esto ahora, es decir, si no les dejamos claro que no vamos a involucionar unos siglos para que se porten bien, más tarde, como la historia nos enseña, no tendremos otra salida que mantener nuestras libertades por la fuerza. Y evitar que lleguemos a ese punto es una responsabilidad nuestra y no de ellos.

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