Si yo tuviese amplia difusión en la blogosfera –cosa que no sucede- y gritara al mundo entero, ¡GUERRA!, rápidamente se me preguntaría, ¿Dónde? Yo contestaría, en el Congo. Y seguramente la respuesta se parecería a un…bueno, alarmista, creíamos que había estallado en algún lugar. Y aunque también podría dar algún nombre de país donde ha comenzado algún conflicto armado, no llegaríamos a nada, porque el problema es que los medios de comunicación no se han fijado en ellos.
Nuestro mundo se desangra por los cuatro costados, pero sólo nos preocupamos cuando los medios de comunicación ponen su acento en alguna de esas guerras, y eso suele ser durante un breve espacio de tiempo. En un reportaje que esta semana he leído en La Clave, se hace repaso a los conflictos olvidados por los medios de comunicación, y de como, curiosamente, se ocupan de ellos cuando las potencias occidentales tienen intereses en los países donde se desarrollan –normalmente en forma de materias primas-.
Quienes han de velar por la paz en el mundo, los cinco países que forman el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, son los mayores exportadores de armamento, sin importarles lo más mínimo que quienes lo compran no son democracias donde se respetan los derechos humanos. Y este es uno de los ingredientes de casi todos los graves conflictos que hay en el mundo: armar hasta los dientes a un gobierno o facción. Pero además, en muchos casos se busca la inestabilidad para poder tomar los recursos naturales con mayor facilidad. Más tarde, si el número de muertos es una cifra importante para el director de algún medio y lo saca en portada y, lógicamente, los ciudadanos del primer mundo se horrorizan, los mismos países que les han vendido las armas les prometen millones de dólares en ayudas, que casi nunca sirven para nada, bien porque no se materializan realmente, bien porque, como dice en el reportaje mencionado Oxfam, “lo que los civiles en zona de guerra necesitan no es fundamentalmente dinero, sino paz”.
Y esta situación ha de cambiar, no vale con darse golpes de pecho durante dos días y luego vuelta a la rutina de la muerte –que no había cesado en eso dos días-. Y sólo podemos cambiarla los ciudadanos del primer mundo, los que mantenemos en pie todos esos gobiernos democráticos, los que verdaderamente nos sentimos horrorizados con eso conflictos, los que sabemos que las pésimas condiciones de vida en otras partes del mundo sólo provocarán mayores males a nuestro mundo.
Entre nosotros y nuestros dirigentes se abre un abismo inmenso, que año a año se agranda. Nuestros sistemas políticos piramidales son muy fáciles de manipular por grandes intereses, que en el caso que nos ocupa pueden ser compañías que fabrican armamento, o quienes extraen recursos naturales de países del tercer mundo, por poner dos ejemplos. Quienes toman decisiones sobre el rumbo de un país son como mucho diez personas, a las que fácilmente se les puede “convencer” de que vender armamento a un determinado país no es tan malo.
Extrapolen esto a niveles superiores de un país, como la ONU, decidiendo en que país se ha de intervenir con cascos azules, o a inferiores, como un ayuntamiento de un pueblo de 5000 habitantes, el resultado es el mismo: un poder económico “convence” al político de turno de que recalificar un determinado terreno a urbano no es malo para el pueblo y, sobre todo, para él.
Es hora de que los ciudadanos vayamos pensando en tomar la responsabilidad de las decisiones de nuestros países y no descargar las culpas en los políticos. Es el momento de ir pensando en cambiar de sistema político. La democracia ha dado buenos resultados hasta ahora, pero estamos en el siglo XXI y hemos de dar un paso más allá, hacia una democracia, donde nosotros digamos en cada momento como queremos que sea nuestro país. Las elecciones cada 4 años y la delegación de responsabilidades servían para el siglo pasado, pero no para este. La tecnología hoy, nos da la oportunidad de opinar instantáneamente sobre cualquier decisión importante, sin tener que delegar. No se pueden manipular a los millones de personas que componen un país; sólo rebajando la pirámide del poder a la altura del ciudadano de a pié, estaremos libres de las presiones de grandes grupos económicos –armamento, farmacéuticas, petroleras, etc.-.
Sé que no será fácil, que muchos ciudadanos no se sienten preparados para decidir sobre grandes asuntos, pero sólo la toma de responsabilidad nos preparará para decidir, y en la mayoría de los casos, por no decir todos, el sentido común y la buena fe, son la mejor manera de solucionar los terribles males de nuestro mundo. Y créanme, no se solucionan porque ni el uno ni la otra se aplican actualmente.
Debemos hacer algo más que lamentarnos de las guerras y los muertos que producen. Y debemos hacerlo nosotros, porque nuestros dirigentes no lo van a hacer.





