Un signo evidente del declive de nuestro sistema político –y de casi cualquier tipo de organización- es que los que están arriba muestran su caradura de manera descarada sin ningún rubor. Saben que no corren riesgos.
Sabemos del cinismo de los políticos a la hora de tomar decisiones, como si fueran de otro planeta y no conocieran la realidad que ellos mismos han creado. Lo que yo desconocía es que en mi tierra están a la cabeza de la desfachatez.
Resulta que van a hacer una ley, con multas incluidas, para frenar la especulación. Y dice: “Para ello, establece multas que oscilan entre los 3.000 euros de los casos leves y los 300.000 para los más graves, además de un apartado específico para casos “sangrantes” de especulación -como la construcción de viviendas en terrenos destinados a otros usos-”.
Alguien debería decirle: “Mire, señor consejero, en este país nadie construye sobre terrenos dedicados a otros usos, porque los ayuntamientos los recalifican a cambio de una pasta gansa”.
Hace falta tener la cara dura, o como digo, saberse en un sistema podrido hasta la médula en el que nadie les dirá nada.
Últimamente tenemos unos cuantos casos, como el que dijo que el que no se sienta nacionalista mejor está muerto, o el que cobra impuesto “conservadonario” por permanecer en el puesto de la administración.
Por otro lado, y conociendo la ralea, he pensado que si hacen la ley es porque esperan sacar pasta, y se darán casos donde puedan aplicar las multas, quizá algún promotor que no siga las reglas del sistema y se niegue ha entrar en corruptelas.
La ventaja de todo esto, es que por ese camino, cada vez son más estruendosos a la hora de manejar el cortijo, y el final de esta cosa, que hay quien llama democracia, puede estar más cerca.





