¿Adónde van?
6 Enero 2007, escrito por ipit
Los veo pasar de largo, siempre con prisas, vayan a pie o montados en sus coches, bicicletas o motocicletas. No sólo por mi edad son más rápidos que yo, lo que no me importa lo más mÃnimo. Nunca he tenido la vocación de adelantar a nadie ni tampoco me ha importado quedarme atrás y solo. Ya de joven caminaba despacio. Prefiero, como Aristóteles y el hombre antiguo en general, la lentitud y la contemplación. ¿Adónde irán?, me pregunto mientras los veo alejarse y perderse en el horizonte. A sus respectivas metas, naturalmente, me digo. ¿Pero son realmente sus metas?, sigo preguntándome. Sin duda, pero sólo aparentemente, ya que aunque se dirijan a toda velocidad hacia una meta determinada, ésta ha sido fijada de antemano por otras personas e instituciones, de manera que lo que a primera vista parece emanar de una decisión voluntaria, es en realidad un acto compulsivo.
ExtraÃdo del artÃculo de Heleno Saña en La Clave 30-5 de Enero. nº 298.






Para mà solo hay un inconveniente, y es la educación que me han dado. Cuando veo a todos ellos correr tan deprisa, y yo ir no sólo tan despacio sino en dirección contraria, no puedo reprimir el murmullo de la angustia. Los del lado “Oscuro” saben hacer muy bien su trabajo con nosotros, al menos conmigo.
Un saludo.
SÃ, Elbereth, ese es el gran problema: la educación. No sólo lo que dices, además hay mucha gente, pero muchÃsima, que desearÃa ir más despacio, pero salirse de la dinámica en la que nos meten desde niños es muy complicado –para muestra un botón, las rebajas que hoy comienzan-. Aunque, según creo yo, esta es una de las cosas por las que merece luchar cada dÃa, conseguir que este mundo se parezca cada vez más a como desearÃamos que fuera.