Subscríbete a
Entradas
Comentarios

El dolor ajeno

No hay en el mundo nada tan extendi­do como el dolor ajeno, y quizá sea és­ta la razón de que nos habituemos a él y acabemos pensando que es algo normal que no nos incumbe. El hombre medio de nuestros días se inclina en todo ca­so más a la autoconmiseración que a la compasión por los demás, una actitud que refleja su proclividad al egoísmo y al narcisismo. No existe sólo la avaricia material, sino también la avaricia del alma, consistente, ésta, en no derramar ninguna lágrima por nuestros semejan­tes y conmoverse únicamente por el dolor propio. Con razón o sin razón pienso que esta carencia de generosidad afecti­va es una forma de condena y uno de los castigos más terribles que puede infligirnos el destino.

(…)De ahí que me pregunte y pregunte al lec­tor: ¿hay algo más terrible que el culpa­ble sin conciencia de su culpabilidad? O peor todavía: ¿del culpable con la con­ciencia satisfecha? Pero eso es preci­­samente lo que ocurre hoy: que nadie se siente responsable. Esta es la razón de que todo o casi todo vaya de mal en peor. El filósofo judío-alemán Hans Jo­nas escribió hace ahora unos 40 años un libro titulado ‘El principio de respon­sabilidad’. El libro fue un ‘best-seller’ mundial, pero a la hora de la verdad se ha hecho caso omiso de su contenido, de manera que lo que hoy más cunde es la irresponsabilidad, aunque los políti­cos y demás administradores del poder nos aseguren lo contrario.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 12-18 de Enero. nº 300.

Trackback URI | Comments RSS

Deja un comentario