El dolor ajeno
21 Enero 2007, escrito por ipit
No hay en el mundo nada tan extendiÂdo como el dolor ajeno, y quizá sea ésÂta la razón de que nos habituemos a él y acabemos pensando que es algo normal que no nos incumbe. El hombre medio de nuestros dÃas se inclina en todo caÂso más a la autoconmiseración que a la compasión por los demás, una actitud que refleja su proclividad al egoÃsmo y al narcisismo. No existe sólo la avaricia material, sino también la avaricia del alma, consistente, ésta, en no derramar ninguna lágrima por nuestros semejanÂtes y conmoverse únicamente por el dolor propio. Con razón o sin razón pienso que esta carencia de generosidad afectiÂva es una forma de condena y uno de los castigos más terribles que puede infligirnos el destino.
(…)De ahà que me pregunte y pregunte al lecÂtor: ¿hay algo más terrible que el culpaÂble sin conciencia de su culpabilidad? O peor todavÃa: ¿del culpable con la conÂciencia satisfecha? Pero eso es preciÂÂsamente lo que ocurre hoy: que nadie se siente responsable. Esta es la razón de que todo o casi todo vaya de mal en peor. El filósofo judÃo-alemán Hans JoÂnas escribió hace ahora unos 40 años un libro titulado ‘El principio de responÂsabilidad’. El libro fue un ‘best-seller’ mundial, pero a la hora de la verdad se ha hecho caso omiso de su contenido, de manera que lo que hoy más cunde es la irresponsabilidad, aunque los polÃtiÂcos y demás administradores del poder nos aseguren lo contrario.
ExtraÃdo del artÃculo de Heleno Saña en La Clave 12-18 de Enero. nº 300.





