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Desde Colonia

En una de las mesas veo varios ejemplares de mi nuevo libro, ‘Würde und Widerstand’ (Dignidad y resis­tencia). Es sin duda un título anticuado y fuera de lugar, pero es el que corresponde a mi manera de ser y a mi memoria histórica. La palabra dignidad fue universalizada por Pico della Mirandola, el término resisten­cia pertenece al antiquísimo lenguaje de los débiles y oprimidos. Admito que reivindicar ambos conceptos en una época tan conformista y materialista como la nuestra sólo se le puede ocurrir a un alma anacró­nica como la mía. Pero ¿quién ha dicho que hay que escribir y pensar como prescriben los árbitros de la ‘political correctness’­ y los sacrosantos doctores de la ley que cada ideología engendra, los cuales son no casualmente los que más tajada sa­can del orden reinante? El argumento prin­cipal que Sócrates utilizó ante los jueces del Areópago para demostrar su inocencia fue el de su pobreza. ¿Qué político o intelectual hoy en el candelero podría defenderse con el mismo argumento en el caso poco proba­ble de que tuviera que defender su integri­dad moral ante un tribunal?

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 23-1 de Marzo. nº 306.

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