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La pobre verdad

Se va quedando cada vez más so­la la verdad, como si hubiera de­jado de ser el supremo bien pa­ra pasar a ser un ente molesto e inoportuno como una enferme­dad. Apenas nadie sale en su apoyo, quien más quien menos se aleja de ella y la deja tirada en la cuneta como un fardo incómo­do y fatigoso. De ahí su creciente debilidad, desamparo y aislamiento. La gente busca en general el éxito, el poder, las diversiones, que son precisamente los ámbitos en los que la verdad brilla por su ausencia y en los que comúnmente predomina la mentira, el disimulo, la hipocresía, la falsedad, la fri­volidad y las palabras vanas. Consciente de que su presencia es poco deseada, la verdad huye del mundanal ruido y se retira a luga­res ocultos y poco frecuentados, lo que ex­plica que cada vez sea más difícil localizarla y dar con ella. Carente de compañía y de ca­lor colectivo, se ha convertido en una ancia­na abandonada y enferma.

(…)Después de las grandes mentiras del nazi­fascismo y el comunismo soviético, la hu­manidad creyó por un momento que había recobrado la verdad perdida. Hoy sabemos que se trataba de una ilusión. Poco a poco, el bando vencedor, capitaneado por los EE.UU., fue elaborando nuevas formas de manipulación mental e identificando sus conveniencias propias con la verdad abso­luta. El imperio de la libertad, anunciado a los cuatro vientos durante las décadas de la guerra fría, fue dando paso al imperio del dinero, al más descarnado materialismo, al egoísmo, al cinismo y a la lucha cada vez más encarnizada entre los hombres, las cla­ses sociales y los pueblos. ¿Quién se atreverá a decir que este lamentable estado de cosas corresponde al concepto de verdad elabo­rado a lo largo de los siglos por los gran­des maestros del pensamiento universal?

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 6-12 de Abril. nº 312.

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