La ley del más fuerte
19 Mayo 2007, escrito por ipit
Creo que una de las cosas más importantes que el mundo debe a España es la aportación decisiva de nuestros teólogos del siglo XVI al ‘ius gentium’, o Derecho internacional moderno, del que de hecho fueron los fundadores, por mucho que algunos exégetas protestantes hayan adjudicado este mérito a epígonos como Grocio o el barón de Pufendorf. Por desgracia, las teorías elaboradas por Francisco de Vitoria, Las Casas, Domingo de Soto o Francisco Suárez no han encontrado todavía su debida aplicación, lo que explica que el mundo siga estando regido en no poca medida por principios y procedimientos que ellos condenaron inequívocamente como opuestos al derecho divino, natural y humano.
(…)Todo lo que nuestros teólogos negaron al Emperador o al Papa es practicado hoy por la Casa Blanca, el Pentágono y los servicios secretos estadounidenses, sea por cuenta propia o con la colaboración de otros países y la OTAN. Pretextos para obrar así nunca faltan, como últimamente el terrorismo.
Decían nuestros teólogos que incluso cuando la guerra es justa tiene que atenerse a determinadas reglas de conducta y no degenerar en venganza y represalias, ya que el fin de toda guerra es la paz. Caso de no cumplirse estas reglas, deja de ser guerra justa para convertirse en guerra injusta. O como escribía Francisco de Vitoria en su tratado ‘Sobre el derecho de la guerra’, “no es lícito obrar mal, tampoco para evitar males mayores”. Pero esto es precisamente lo que ocurre con lo que la cínica terminología del hegemón viene llamando eufemísticamente “daños colaterales”, cuya víctimas principales no son los combatientes, sino la población civil, y dentro de ella, las mujeres y los niños.
Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 4-10 de Mayo de 2007. nº 316.






“no es lícito obrar mal, tampoco para evitar males mayores”.
En las guerras de la época de Vitoria los sitios defendidos más allá de lo considerado razonable, y no solo, venían seguidos de un saqueo sangriento. Eso enseñaba a otras poblaciones a no oponer una resistencia feroz al ser sitiadas aliviando al agresor de esfuerzos bélicos costosos en campañas por venir. Nuestros tercios y nuestros adversarios se prodigaron en esa estrategia tan educativa. Ahora bien, no se puede negar que el rechazo a aquello apareció en casa, como tampoco que en USA no todo el mundo piensa igual pero es que en la España de los Austrias no había democracia ¿Pero el terrorismo es un pretexto, una democracia, una respuesta? Al terrorismo hay que aplicarle igualmente la máxima de Vitoria.