¿Y si cerramos la OTAN?
7 Junio 2007, escrito por ipit
Desde que desapareció el bloque soviético, el Pacto de Varsovia, diferentes intereses, empezando por el gobierno de Estados Unidos, tratan de inventar misiones y usos para la OTAN. La que realiza actualmente en Afganistán -que se está desmadrando por momentos- podría haberse hecho perfectamente con una coalición de países, como en el caso de Iraq. Pero era la manera que tenía Bush de involucrar a países europeos, que de otro modo, no hubieran ido allí. Ahora Bush se está metiendo en otro charco, con su idea de instalar un sistema antimisiles en Europa, y seguramente nos salpicará a todos los europeos, entre otras razones, por la Alianza Atlántica.
Haciendo un poco de historia, debemos saber que el Pacto de Varsovia se creó como respuesta a la OTAN y ambos, en cualquier caso, son frutos de la Guerra Fría. Terminada esta, con la caída del muro de Berlín, no tenía sentido mantener esta organización. Pues bien, no sólo se ha mantenido este agravio permanente a la paz, si no que sus mandatarios se han empeñado en ampliar el número de miembros con países que pertenecían al bloque soviético, creando un lógico mosqueo en Rusia.
El problema creo que radica en la actitud de los gobiernos europeos, que continuamente se dejan ningunear por el de Estados Unidos, y permiten que los caprichos de un personaje como Bush se cumplan. Parece mentira, pero en el congreso americano se oponen más que en la ONU o Europa a este elemento. Leí el otro día a Boutros-Ghali, ex secretario general de Naciones Unidas, algo que me parece interesante: “cuando hay una superpotencia que dirige todo, una de las causas es que las otras potencias no hacen nada”. No hace falta decir lo que pensamos los ciudadanos europeos. Cogidos uno a uno los miembros de la UE, sólo Reino Unido podría plantear dudas sobre si desearía la existencia de la OTAN, el resto, empezando por los españoles, que nos metieron en esa organización con mentiras y engaños, pedirían su disolución.
El problema es el de siempre, democracias que no lo son y representantes de los ciudadanos que se representan a sí mismos o a sus partidos. Y como dice Ghali, probablemente la clase política siga haciendo lo que les parece, por la pasividad de unos ciudadanos que no somos capaces de tomar el control de nuestras democracias.






Hola
“por la pasividad de unos ciudadanos que no somos capaces de tomar el control de nuestras democracias”. No estoy de acuerdo. Esto es como la demostración de la inexistencia del movimiento. Pero entonces los ciudadanos ¿qué hacemos cada cuatro años? Pues lo que hacemos es levantarnos y caminar al colegio electoral (el movimiento se demuestra andando). Cada cuatro años tomamos el control y también cada menos, en manifestaciones o huelgas, etc.
Sí concedo la perplejidad que me causa comprobar que merced al procedimiento de las listas cerradas los políticos parecen demasiado atentos al partido, a disputar por un lugar lo más alto posible en la lista, cuando en quien deberían centrarse más es en el ciudadano. Pero esto no creo que llegue a empañar el protagonismo de la ciudadanía.
Lo siento, parece más apropiado este comentario para el texto cuatro años menos quince días.
Puede que lleves razón en lo de que podría estar en el otro comentario, porque para mí el problema en ambos casos es el mismo: tenemos un sistema político en el que el ciudadano no elige representantes, sino que vota lo que le dejan, y por esto, la clase política no hace lo que le interesa a los ciudadanos, sino lo que le interesa a ellos. Esto afecta a las decisiones que toman a nivel local, y también, mundial.
En cuanto a que “Cada cuatro años tomamos el control”, temo que es una mera ilusión.
Es un sistema absolutamente cerrado a opciones nuevas, en el que los dos grandes partidos se quedan con todo el dinero que se lleva la política; que tienen repartido el poder en toda España a un 50%. Un sistema sin contrapoderes, porque no hay división de poderes, donde nunca hay responsabilidades políticas, digo por delinquir, ni siquiera me planteo responsabilidades por llevar a cabo políticas ineficientes o directamente negativas para el país. Un sistema donde todas las instituciones son cortijos de los dos partidos mayoritarios.
No dafd, tristemente, nunca tenemos el control. Tenemos una serie de libertades, que por supuesto, recortan inopinadamente y cuando les place, pero nada más.