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Calle de la Hipocresía

La concurrida e interminable Calle de la Hipocresía es el cuartel general de los poderosos y jerifaltes de la Tierra. En ella se re­únen, en ella tienen sus ‘think tanks’ y la­boratorios de ideas, en ella elaboran sus planes de dominación y sus campañas de desinformación, de su seno salen las con­signas para engañar y embrutecer a las ma­sas. Calle antiquísima, como nos recuerda Quevedo, ha estado también sujeta a los cambios de la historia. A diferencia de otros tiempos, como los del conde-duque de Oli­vares o del Cardenal Richelieu, la atmósfe­ra que hoy reina en ella es democrática. Ello no significa en modo alguno que hayan desaparecido las jerarquías y hegemonías. Entre sus moradores existen grandes dife­rencias de rango, de influencia y de poder. La democracia formal imperante hoy en la Calle de la Hipocresía ha sabido inventar las suficientes estratagemas, trampas y ter­giversaciones para seguir perpetuando la sociedad de clases, la desigualdad econó­mica, la injusticia social, la explotación del hombre por el hombre, el dominio de unos pueblos sobre otros, las guerras de agresión y de conquista y otras lacras procedentes del pasado. Por mucho que presuma de mo­derna y de progresista, en este aspecto la Ca­lle de la Hipocresía no es menos atávica y retrógrada que la de otras épocas.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 8-14 de Junio de 2007. nº 321.

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