Misticismo y polÃtica
30 Junio 2007, escrito por ipit
Nos hemos pasado a la polÃtica, la maldita y miserable polÃtica, que no sólo no soluciona ningún problema serio, sino que más bien lo complica y estroÂpea todo, empezando por la que pretende estar al servicio del progreso y la emanciÂpación, como la del señor Zapatero, lo que no significa que los programas de sus rivales ideológicos sean mejores que el suyo. Uno como los otros representan una forma equiÂvocada y deformada de la polÃtica, ya por el solo hecho de que la conciben sobre todo como posesión del poder. Y dado que ésta es su motivación primordial, para satisfacerla no vacilan en recurrir a toda clase de meÂdios, también y preferentemente de ÃndoÂle moralmente dudosa o ilegÃtima. De ahà la imagen deprimente que el paÃs ofrece, quizá no para los horteras de turno, pero sà para quienes conservan en su alma un resto de altitud moral y espÃritu. DespolitizarÂnos serÃa quizá el primer paso para poner fin a la España ramplona y superficial que ha ido surgiendo en las últimas décadas, caricatura burda de la que imaginábamos en tiempos y después de la dictadura. DeberÃamos dejarlos solos, a los polÃticos, para que cobraran conciencia de su lamentable gestión y tuvieran que predicar en el desierÂto, pero sin luz y taquÃgrafos ni cámaras de televisión. La única polÃtica digna de este nombre es la que de antemano renuncia al poder y predica lo que el gran escritor y pacifista alemán Hugo Ball -otro mÃstico- llamaba el “Ohn-macht” o “sin-poder”. ¡PeÂro qué absurdo!, objetarán los que no conoÂcen otra realidad que la rutina y la cómoda moral del ir tirando, olvidando que todo lo grande ha empezado siempre siendo y paÂreciendo un absurdo. Si no hubiera habido grandes soñadores, la historia no se hubieÂra movido de su sitio y estarÃamos todavÃa en la edad de las cavernas. No en mandar y prohibir deberÃa consistir una polÃtica realÂmente fecunda y racional, sino en enseñar a los hombres a regirse por sà mismos y a cumplir voluntariamente con su deberes cÃvicos y morales. Pero para alcanzar esta meta lo primero que se necesitarÃa serÃa un sistema educacional capaz de fomentar los atributos éticos y humanos de la persona, en vez de azuzar sus instintos competitivos y agresivos, como ocurre hoy dentro y fuera de nuestro paÃs. ¿Pero cómo se va a enseñar a la gente a despreciar el poder si la oligarÂquÃa que rige el mundo es la primera en coÂdiciarlo?
ExtraÃdo del artÃculo de Heleno Saña en La Clave 15-21 de Junio de 2007. nº 322.





