Una mercancÃa cualquiera
29 Julio 2007, escrito por ipit
Parece ser que la preocupación central del español medio es el paro, según informaba el CenÂtro de Investigaciones SociolóÂgicas (CIS) en uno de sus últimos sondeos. Y no es para menos. Desempleo lo ha habido en mayor o menor medida siemÂpre; piénsese en la Alemania de entregueÂrras o en los Estados Unidos de la misma época y en las consecuencias fatales que los altos Ãndices de paro tuvieron para ambos paÃses, Europa y el mundo entero. Lo realÂmente nuevo es que, hasta hace pocos decenios, los puestos de trabajo eran predoÂminantemente estables, mientras que hoy se caracterizan de manera creciente por su inestabilidad. Aproximadamente hasÂta la década del setenta, la situación laboÂral de las clases asalariadas fue de signo asÂcendente, fase que coincidió con el ‘boom’ de la economÃa capitalista y la existencia de sindicatos fuertes capaces de enfrentarse al capital. A partir de los ochenta, se inició la ofensiva del capital contra el trabajo, un giÂro histórico ligado a nombres de tan triste recuerdo como Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y a nivel teórico, de Milton FriedÂman. Desde entonces acá, la situación de la mano de obra no ha hecho más que empeoÂrar. El neoliberalismo reinante ha converÂtido a los obreros y empleados en una mercancÃa cualquiera, a la que se utiliza o se arroja a la calle según las conveniencias de cada momento. La última palabra la tienen los intereses del capital. El asalariado del mundo occidental -sin hablar ya de los paÂrias del Tercer Mundo- tiene cada vez meÂnos derechos y más obligaciones, se ve obligado a rendir más por menos dinero.
A ese proceso de cosificación y deshumaÂnización se le viene llamando ‘flexibilizaÂción’, uno de los tantos cÃnicos eufemismos puestos en circulación por los ‘think tanks’ y aparatos de ‘public relations’ del sistema para justificar el ‘diktat’ brutal que el capiÂtalismo salvaje hoy vigente ejerce sobre la sociedad. Las clases trabajadoras están caÂda vez más desprotegidas y más a merced de los cálculos, operaciones y maniobras del ‘big business’. Y lo peor es que no pueÂden esperar protección por parte del EstaÂdo, tampoco en paÃses gobernados por partidos socialdemócratas o socialistas, como en España hoy. Nuestro jefe del Ejecutivo es un fiel servidor del gran capital, como lo ha sido durante años en Gran Bretaña Tony Blair o el ex canciller alemán Gerhard Schroder en su paÃs. Los sindicatos son cada vez más débiles en todas partes, en primer lugar en los EE.UU., pero también en paÃses con una gran tradición sindicalista como el nuestro, de la que Comisiones Obreras y UGT son una pálida y triste sombra.
ExtraÃdo del artÃculo de Heleno Saña en La Clave 13-19 de Julio de 2007. nº 326.





