La dura realidad
9 agosto 2007, escrito por ipit
En España nos creemos hasta tal punto las mentiras que llegan desde el poder, que cuando surgen problemas, las soluciones que se dan no tienen que ver con la realidad y pocas veces solucionan nada.
Me refiero concretamente al problema de los pescadores con los precios de la merluza y el bonito, que cada año están más bajos –para ellos, no para el comprador- y no les da para vivir. Y seguramente llevan razón. Solución: controlar más las importaciones.
Pues no, la solución pasa porque los españoles dispongan de más dinero para hacer la compra diaria. Pero claro, como nos hemos creÃdo eso de que somos europeos, y por tanto, que estamos al mismo nivel que nuestros vecinos, los pescadores no entienden como no pueden vender sus productos más caros. En principio parece que quieren que se indique claramente el producto que es del cantábrico, para diferenciarlo del de otras zonas del mundo –en mi pescaderÃa esto ya se hace-, pero temo que se seguirá vendiendo más el de menor coste. Y si por alguna pre-electoral idea feliz, se les ocurre limitar de alguna manera la importación, lo único que conseguirán es que perderemos el hábito de comprar estos dos pescados –maravillosos, por otra parte-, y será peor para el futuro.
Porque el problema es que los españoles cada vez podemos hacer menos con nuestros sueldos, que desde hace diez años, los salarios bajan y todo sube. La realidad es, por ejemplo, que 11.000 españoles se van a la vendimia francesa porque les sale el mes de trabajo por 1800€. ¿No se hace vino en España? ¿No están nuestros caldos entre los mejores del mundo? SÃ, pero los sueldos por vendimiar son un 50% menores que al norte de los Pirineos.
Eso sÃ, quienes han de poner solución a estos problemas, no saben de que les hablamos, primero, porque ellos trabajan con las grandes cifras, las que les dicen que el paÃs sigue creciendo –cierto, en estos mismos 10 años, los beneficios empresariales han crecido un 70%-, y segundo, porque lo primero que hacen al llegar al cargo es ponerse unos sueldos fabulosos.
Podemos seguir creyéndonos la propaganda del poder, pero los golpes que nos vamos a dar con la dura realidad nos terminarán dejando moratones. Otra cosa es despertar de este sueño fantástico, de paÃs rico y avanzado, para eso, tenemos que ser nosotros quienes queramos despertar –recuerden, la pastilla roja-.










En españa nos gusta que nos dirijan y nos digan lo que tenemos que hacer, somos asi.