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La conciencia crítica

Hay épocas inclinadas a la críti­ca y las hay, a la inversa, que son ajenas o poco accesibles a ella. Este es el caso de la nuestra. El mundo atraviesa desde hace tiempo una crisis cada vez más profunda de la conciencia crítica, lo que explica que se acumulen los problemas no resueltos y que las cosas vayan de mal en peor. Y es­ta crisis de la conciencia crítica incide ya en el seno del propio sistema, cuyo signo cen­tral es justamente la ausencia de autocríti­ca. Ciegamente enamorado de sí mismo, padece de narcisismo crónico; de ahí su ce­guera para ver y reconocer las anomalías y aporías que engendra sin cesar. Es evidente que allí donde no hay ni autocrítica ni críti­ca digna de este nombre, tienen que reinar inevitablemente la rutina, el conformismo y la conciencia satisfecha, que es lo que ocu­rre hoy. No puede sorprender que las cos­movisiones dominantes sean el neopositi­vismo y el pragmatismo y su culto obsesivo a la facticidad como único criterio de la ver­dad. Y no menos significativo es que estas ideologías procedan de los EE UD, el país que más lejos ha llevado la moral del tanto tienes tanto vales.

(…)La paradoja no puede ser mayor: desmedidamente ambicioso e insaciable a la hora de exigir bienes materiales, el indi­viduo medio se contenta, a nivel humano, moral y espiritual, con los pésimos valores que le ofrece el sistema. Ello demuestra, por sí solo, el grado de cosificación y alienación a que ha llegado el hombre, lo que a su vez explica también que seguir teniendo gran­des ideales sea considerado hoy no como un signo de grandeza y un don del destino, sino como un anacronismo.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 17-23 de Agosto de 2007. nº 331.

Un comentario a “La conciencia crítica”

  1. el 16 Feb 2008 a las 21:45 lidia

    me parece exelente que se dedique a ofrecer estos temas muy importantes adelante con esto nos ayuda a enriquecernos màs

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