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El orden del desorden

El orden imperante en el plane­ta es en realidad más un desor­den que un verdadero orden, por mucho que el discurso al servicio del sistema afirme lo contrario y nos asegure que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Será quizá para una mi­noría privilegiada, pero no para la mayor parte de la gente.

(…)El brutal contraste entre la cruda reali­dad y la imagen apologética que de ella di­funden las tribunas adictas al sistema de­muestra, por sí solo, el grado de cinismo y de impudicia a que han llegado los administradores del poder, a los que personalmente considero como a una de las clases dirigen­tes más irresponsables e ineptas de la histo­ria universal y, a la vez, más presuntuosas y pagadas de sí mismas, sin hablar ya de su insaciable codicia material. Dos cosas me repugnan de ellas: sus discursos ditirámbi­cos sobre sus supuestos éxitos y el silencio que guardan sobre lo que Pierre Bordieu llamaba “la misère du monde”. Hago mías las palabras que Platón escribió en su Poli­teia: “El peor castigo es el de ser gobernado por los malos o viles”. Y de manera pareci­da Demócrito en sus escritos éticos: “Es difícil tener que recibir órdenes de alguien in­ferior”. ¿Qué pensar de una civilización que lo somete todo al principio de lucro? ¿Y qué es el ‘imperium mundi’ erigido por las po­tencias occidentales sino otra cosa que el imperio del dinero? Hoy más que nunca se confirma la enseñanza de Platón: quien vi­ve con el solo objeto de acumular riqueza no puede ser virtuoso ni hacer el bien.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 19-25 de Octubre de 2007. nº 340.

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