Servir y Servirse
28 octubre 2007, escrito por ipit
(…)El liberalisÂmo clásico partÃa del supuesto de que el meÂjor Gobierno es el que menos gobierna, “goÂvernment govern best which govern least”. Los Gobiernos de hoy tienden al contrario a considerar que la mejor manera de goberÂnar es la de gobernar mucho. Este criterio intervencionista y fiscalizador explica la tendencia del Estado actual a entrometerÂse cada vez más en la ‘privacy’ del ciudadaÂno, y ello ya a nivel material. Todo Estado adopta la ideologÃa dominante en cada resÂpectiva época histórica. El Estado moderÂno, un producto del triunfo de la burguesÃa sobre la nobleza, ha asumido la ley capitaÂlista de la acumulación del capital; de ahàsu tendencia a apoderarse de manera creciente de la riqueza producida por el cuerpo social, lo que logra a través de una polÃtica tributaria alta. Tanta es su voracidad pecuniaria, que a pesar de las grandes sumas que recauda del contribuyente, casi todos ellos se endeudan y recurren al crédito bancario para tener todavÃa más. Una parte de sus ingresos los destina el Estado a satisfacer las necesidades e intereses del ciudadano, pero los gobernantes de turno se las arreglan siempre para derrochar el dinero en iniciativas parasitarias o en proyectos absurdos, en vez de invertido en empresas y tareas favorables al bien público.
Con el presupuesto del estado aumenta la cantidad de gente que quiere vivir de él. De ahà que lo que Proudhon -coetáneo de Kierkegaard- llamaba la “casta de los improductivos” crezca cada vez más. Me apresuro a consignar que al servirme de esÂta metáfora no me estoy refiriendo a los emÂpleados y funcionarios públicos, que ejerÂcen una función laboral tan útil y necesaria como la que cumplen los asalariados de las empresas privadas. Diré incluso que uno de los fenómenos más negativos de los últimos tiempos ha sido el de privatizar o subcontratar áreas de servicio que antes de irrumpir el neoliberalismo hoy vigente eran de incumbencia de las plantillas estatales, en general más competentes, preparadas y resÂponsables que las de la economÃa privada y su creciente proclividad a emplear perÂsonal mal pagado y profesionalmente mal adiestrado. De ahà que el proceso de privatiÂzación y subcontratación esté conduciendo a un deterioro creciente de la calidad y seÂguridad de los servicios. Al hablar de la casta de los improductivos me estoy refiriendo a las minorÃas en general nada selectas que, sin otro mérito ni otra cualificación que la de pertenecer a un partido polÃtico, están en condiciones de apoderarse de la máquina del Estado y disponer de ella a su antojo. Por lo común y con pocas excepciones, los administradores de la ‘res publica’ se sirven primero a sà mismos, en vez de servir en priÂmer lugar al ciudadano. Valga como ejemÂplo último los sueldos desorbitados de muÂchos alcaldes españoles. Su prepotencia ha llegado a tal extremo, que la única función que asignan a la ciudadanÃa es la de acatar sin rechistar sus decisiones y disposiciones. De ahà que el ciudadano haya dejado de ser sujeto de la polÃtica para convertirse en su objeto. ¡Con qué clarividencia supo prever Rousseau que el ciudadano sólo es libre el dÃa de elecciones!
La principal tarea del estado es hoy la de disciplinar al cuerpo social; por eso hay cada vez más leyes y decretos y menos liÂbertad, más prohibiciones, controles y amenazas y menos autodeterminación personal. El ciudadano ideal concebido por los grandes teóricos de la democracia ha sido degradado a lo que Adorno y Horkheimer llamaban “hombre administrado”, esto es, a receptor y ejecutor pasivo de las órdenes que le llegan de arriba. Y cuando surgen problemas, no es naturalmente por culpa de la mala gestión de los gobernantes, sino de la mala voluntad de los gobernados. Lo que por inercia mental seguimos llamando democracia representativa, y últimamenÂte incluso deliberativa, es en realidad cada vez más impositiva y autoritaria. Estamos todavÃa lejos de la situación anticipada por Orwell en su obra ’1984′, pero en esa direcÂción vamos.
ExtraÃdo del artÃculo de Heleno Saña en La Clave 28-4 de Octubre de 2007. nº 337.









