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Regalar

Confieso que las fiestas de Navidad me entristecen más que me alegran. O mejor dicho: las semanas y días que anteceden a ellas, cuando veo a la gente invadir los comercios a la búsqueda febril de los regalos apetecidos. No es mi intención aguar la fiesta a nadie ni mucho menos espero que quien por azar me leyera comparta mi estado de ánimo o punto de vista, que es sin duda muy personal y subjetivo, y ya, por ello, con escasas posibilidades de convencer a mucha gente. Y mucho menos pretendo con estas reflexiones críticas dar lecciones de moral a nadie, una actitud que la conciencia de mis propios defectos, debilidades y contradicciones sin fin me prohíbe de antemano.

(…)Con la mejor intención y voluntad, la gente está cayendo en la trampa de creer que la máxima expresión del amor a los seres queridos es la de regalarles el mayor número posible de artículos y objetos materiales y, encima, cuanto más caros, mejor. Yo pienso, al contrario, que los regalos más valiosos son de carácter inmaterial y no pueden encontrarse en ninguna tienda, sino únicamente en nuestro Corazón.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 7-13 de Diciembre de 2007. nº 347.

7 Comentarios a “Regalar”

  1. el 16 Dic 2007 a las 21:57 NIKI

    Lo mismo he escuchado en la misa de esta mañana.
    Por cierto, FELIZ NAVIDAD A TODOS/AS.

  2. el 17 Dic 2007 a las 1:00 MARTI

    Y vuelta a joder con la navidad.
    Al que no le guste que se vaya a Marruecos que no está tan lejos.
    Que si no son la luces, son las compras y si no la familia política o que repite el asado. Los aguafiestas se sienten especialmente legitimados a final de año, debe ser alguna configuración estelar que causa rechazo a la ilusión ajena.
    No hay diciembre que no traten de meterte la pastilla roja de matrix aunque sea por el culo.
    Los unos machacando con la publicidad y los contrarios con la machaca de la verdad y la pulcritud moral.
    Quizás algún día la odie, no lo se, pero que me den una colleja entonces si ando repartiendo desilusionantes comentarios.
    Hoy por hoy recuerdo aún la ilusión de villancicos,luces y regalos cuando era niño. A mi pequeño espero sembrarle ese mismo dulce sentimiento. Que si en esta vida ha de ser todo duro y cierto igual se me amarga para nada.
    Me consuela la confesión de HS acerca de su debilidad, defectuosidad y contradictoriedad, que ya empezaba a darme pena el pobre entre tanta basura humana.
    Feliz Navidad a todos, con perdón.

  3. el 17 Dic 2007 a las 11:01 ipit

    Porque se acerca la Navidad, seré bueno. Lo que dice Heleno Saña y yo asumo totalmente, es que ese dulce sentimiento del que hablas, es decir, las comidas opulentas, los regalos, el consumismo, en fin, es una falsa, pero absolutamente falsa felicidad. La prueba del nueve, es que ese espíritu navideño, tan positivo, te inspira a expulsar del país a quien no esté de acuerdo contigo. Genial.
    Por otra parte, lo dura que pueda ser la vida, tiene mucho que ver con lo grande que sean las mentiras con las que te alimentes. Como el que se mete un pico, que está en el paraíso hasta que se le pasan los efectos.
    Pero no todo es malo, volver a ver a los amigos y conversar con ellos, es una de las buenas cosas de la Navidad.

  4. el 17 Dic 2007 a las 19:19 MARTI

    Voy a ser bueno yo también por navidad, ala, a ver si al final sirve de algo la existencia de las “festividades”. Pienso comer opulentamente en casa de mis padres y de mis abuelos, espero no hacer con esto ningún daño a nadie, ni alterar la moralidad anarquista. Lo haré a costa de las pensiones de jubilación de mis progenitores, en una ceremonia que a ellos sé que les hace sentir orgullosos. A mi hermano le regalaré “El Capital” de Marx y Engels, y a mi padre un madurador para la miel. No se si esto es consumista pero si lo es, pués vale. Te aseguro que la ilusión que me produce esto y los juguetes que ya tengo preparados para el peque no es en absoluto falsa. Es mas cierta que mi propia existencia, puedes creerlo. Regalar lo que me apetece a las personas que quiero me produce más alegría a mí que la que les va a proporcionar a ellos. Sobre todo a mi hermano. A veces, tengo que confesartelo, me gusta joder un poco, pero siempre con la mejor intención.
    Mi proposición de visitar Marruecos es por que al ser un pais musulmán estos temas no se darán, supongo. Además el clima es benigno y es tiempo de dátiles. No quiero expulsar a nadie de ningún sitio y mucho menos desalojarlo de ninguna ilusión, que la vida es sueño y los sueños, sueños son. Estas fiestas deprimen a mucha gente y eso no es bueno para nadie. Era por su salud. La otra posibilidad era prohibir los festejos, y no me va.
    Con respecto a la alimentación en base a mentiras, diría que todo lo són, no hay alternativa. No conozco una alimentación en base a verdades ya que no tengo conocimiento de ninguna. ¿Qué es verdad?, que la navidad es una mierda, que es consumismo, que es opulencia opresora del tercer mundo, que el turrón provoca caries. Lo que para unos es mentira para otros es verdad y viceversa, a estas alturas me gusta vivir mis verdades y mis mentiras y no meterme en medio de las propias de los demás, a cada cual le sople el viento por su popa y buena mar para todos.
    Como hay que coincidir en algo y como suele ser además lo primordial y mayoritario. Decir por último que efectivamente una cosa buena de la navidad es que quizás nos proporcione la posibilidad de conversar con amigos y volver a ver su careto. Que se echa de menos.

    Un saludo

  5. el 18 Dic 2007 a las 19:36 ALBERTO TORRESANO

    PARA HELENO SAÑA,

    Nos conocimos en Mannheim, en el tuburio de un catalan que se llamaba “BARCELONA”…Tu llegabas ese dia huido de Expaña…
    No se si todavia te acordaras de esta vivencia lejana, pero yo la recuerdo y casi me parece imposible creer que hayas cambiado tanto.
    ME GUSTARIA ENTRAR EN CONTACTO CONTIGO, despues de tantos años de Alemanias y Kartofels pasados.
    Alberto

  6. el 27 Dic 2007 a las 3:18 nieto

    Para Alberto Torresano
    Es muy poco probable que Heleno Saña llegue a leer tu comentario, porque no suele asomarse a internet. Trataré de hacerle llegar tu mensaje.

  7. el 27 Dic 2007 a las 4:19 nieto

    Con respecto al hecho de regalar, ya sea en Navidad o en cualquier ocasión, no creo que el artículo que nos sirve de referencia de pié para suponer que la alegría de regalar cosas sea falsa, por el hecho de que se regalen cosas materiales. Simplemente destaca que los mejores regalos son de naturaleza inmaterial, y en eso yo, al menos, estoy plenamente de acuerdo. Pero lo inmaterial necesita de la materia para tomar cuerpo.
    Creo que es estupendo hacer una fiesta, regalarse cosas, celebrarlo con algún gasto extraordinario (tampoco necesariamente disparatado) y disfrutar del placer de una buena mesa, por qué no, si ello nos es posible. Y todas estas cosas pueden ser muy verdaderas y hacernos mucho bien, pero todo a condición de que el acento no se ponga en el materialismo del mero consumir, ostentar o aturdirse superficialmente.
    En Navidad, los que son creyentes cristianos celebran una realidad inmensamente alegre, si creen de veras en que todo lo que hay de oscuro, injusto, doloroso y negativo en el mundo va a ser abolido tarde o temprano como consecuencia del nacimiento de un Dios-Hombre que vino (en la vivencia renovada cada año, “viene”) a rescatar de ello a toda la humanidad pasada, presente y futura. Pero también los no creyentes, en nuestra cultura occidental, (uno de cuyos pilares, junto a la tradición clásica, es el pensamiento cristiano), conservan unas vivencias de fiesta entrañablemente familiar, que por supuesto puede ser muy auténtica (como el regalar, como el festejar, comer, bailar o incluso derrochar un poco para diferenciar la fiesta de los días ordinarios).
    A mi parecer, la condición de esta autenticidad es una actitud interior profunda que dé fundamento a todas estas actuaciones. Y una actitud profunda de alegría no puede estar cimentada nada más que en el amor, el cariño que hay por medio en los regalos que se hacen a familiares o amigos. Si no se ama, sobran regalos, luces y festejos, sobra fiesta y no hay navidad, por mucho dinero que se haya invertido en un triste sucedáneo.

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