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Tendencia destructiva

La clase política que ha creado nuestro sistema representativo –made in Spain-, se muestra cada vez más destructiva respecto a sus oponentes. Antaño, en los primeros tiempos de nuestra joven democracia, un político que llegaba al poder, hacía sus equipos de gobierno –lógico- e intentaba poner en práctica sus ideas. Pero eso se acabó.

Hoy, los primeros meses de una victoria política, sirven para desmantelar todo lo que había hecho el anterior partido político, desde el personal hasta las obras públicas. Y esta actitud nos cuesta muchísimo dinero a todos.

Ejemplos hay a montones, seguro que en cada región donde ha habido un cambio de gobierno podemos encontrarlos. Y el pudor ante el derroche del dinero público ya no existe. Es como si quisieran meternos el miedo en el cuerpo ante un cambio de gobierno, advirtiéndonos de que la renovación del aire de los despachos oficiales traerá consigo un replanteamiento costosísimo de todas las acciones de gobierno. Como si quisieran, al fin, maniatar el último resquicio decisorio que nos queda.

Además de atentar una vez más contra el sistema democrático, debilitándolo, produce en quien tiene la responsabilidad de planificar infraestructuras el efecto siniestro de realizar tareas que no lleven más de cuatro años, de no pensar en proyectos sólidos y serios, que ocupen dos o más legislaturas. El ejemplo más claro actualmente es el AVE: se está haciendo deprisa y mal para poderlo estrenar antes de que finalice la legislatura, y la consecuencia, por desgracia, va a ser que esas vías nos darán más de un disgusto, ya lo veremos.

Esta tendencia, cada vez más acusada, no parará sola, como en otras ocasiones he comentado somos nosotros quienes debemos pararla con un cambio en el sistema político. Y para ello, es imprescindible que dejemos fuera del poder a los que ahora son partidos mayoritarios, que rompamos esta alternancia que recuerda cada vez más la Restauración, pero con actores indudablemente más mediocres.

No podemos fijarnos en la alternancia de otros países democráticos –como nuestros políticos quieren habitualmente-, porque en ellos los representantes de los ciudadanos tiene mayor autonomía, y aunque pertenezcan a una siglas no votan a bloque como aquí. Los partidos políticos en España son cuasi sectas donde todos tienen la misma visión del mundo -y si no la tienen, se la callan por el parné o se les echa-, donde no se admite la opinión contraria a la del “líder”.

Si las cosas no cambian, y los políticos continúan con esta dinámica de borrar las huellas de los anteriores gobiernos, no pasará mucho tiempo antes de que alguien proponga las legislaturas más largas para poder terminar sus proyectos. Si proponen algo será para arruinar más el sistema actual, eso lo han demostrado reiteradamente.

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