Subscríbete a
Entradas
Comentarios

La mentira

Los sistemas democráticos se basan finalmente en la confianza de los gobernados en una persona, el presidente. Los tres poderes independientes y los distintos órganos de control, están pensados para asegurar que el resto de instituciones del estado cumplan las normas, pero si el presidente se salta esas normas, es prácticamente imposible evitarlo.

Por esta razón, las democracias anglosajonas no permiten la mentira de un presidente, y expulsan del cargo a quien lo hace. Aunque, por desgracia, como muestra de la degradación que este sistema de gobierno sufre en todo el mundo, hemos visto como, para justificar la guerra de Iraq, se montó una gran mentira cuyo descubrimiento no ha terminado con la dimisión del presidente.

Y no ha terminado con la expulsión de Bush de la Casa Blanca, entre otras razones, porque no admite que haya mentido. También en España, en los últimos treinta años, hemos visto engaños parecidos, pero, de igual manera, se negaba la mayor: no había mentira.

Ahora, nuestro presidente, torciéndole el brazo un poco más a nuestra inexperta democracia, quiere hacernos comulgar con una enorme rueda de molino: os he mentido, lo sé y lo admito, pero no pasa nada. No es que niegue la mentira, o nos diga que no dijo lo que dijo, es que quiere hacernos creer que es lícito que un presidente de gobierno mienta a los ciudadanos.

En una democracia no es admisible –o no debe serlo- que se mienta desde la presidencia del gobierno con descaro, con el mismo que se admite que se ha mentido.

Si aceptamos como algo normal que un presidente pueda mentir a las personas para quienes gobierna, estaremos rompiendo el vínculo más importante entre él y los ciudadanos, la confianza. Después, lo que queda, poco se parece a una democracia.

Trackback URI | Comments RSS

Deja un comentario