El ceremonial electoral
2 Marzo 2008, escrito por ipit
Nada ilustra mejor la escasa credibilidad de los partidos polÃticos que el tipo de discurso que practican no sólo pero especialmente en perÃodos preelectorales y electorales. En esencia, se compone de dos técnicas: la erÃstica y la sofistica. La primera está destinada a desprestigiar a los demás partidos, la segunda a glorificar el propio. Da grima ver como figuras públicas con grandes responsabilidades sobre los hombros se convierten, durante los litigios electorales, en vulgares charlatanes de feria y demagogos de tres al cuarto. No puede sorprender que el resultado de todo ello sea una mezcla hÃbrida de baile de disfraces, de examen de fin de curso, de concurso de retorica, de juegos florales, de operación comercial y de función de circo.
(…)El ceremonial electoral es sólo un entreacto, aunque cada vez más largo; pero apenas concluido y una vez apagadas las luces del escenario, sus protagonistas dejan de representar sus papeles de gala para volver a fastidiar con nuevas leyes generalmente innecesarias o contraproductivas al mismo electorado al que en la vÃspera han estado adulando y mendigando su voto. Y todo para el propio bien de los gobernados, se sobreentiende. Porque en los “tiempos modernos” a que Charles Chaplin se referÃa en su famosa y genial pelÃcula, gobernar significa promulgar el mayor número posible de leyes, ordenanzas y disposiciones, y ello con la mayor rapidez posible (…).
Lástima que, en medio de su fiebre innovadora, los gobernantes no encuentren la calma y el tiempo necesarios para concebir y promulgar leyes que, en vez de complicar, empobrecer y amargar cada vez más la vida personal y social de los ciudadanos, la simplifique, la enriquezca y la haga más llevadera de lo que en general es ahora. ¿Es mucho pedir?
ExtraÃdo del artÃculo de Heleno Saña en La Clave 15-21 de Febrero de 2008. nº 357.





