En torno al relativismo
23 Marzo 2008, escrito por ipit
Desde hace algún tiempo, las tribunas mediáticas y las plataformas políticas dedican un gran espacio al tema del relativismo, sea en sentido afirmativo o negativo, según su filiación ideológica. Y como es proverbial en nuestra incultura dialógica, las posiciones de cada respectivo bando no pueden ser más tajantes: los defensores del relativismo tachan de dogmáticos, fundamentalistas, cavernícolas y enemigos del progreso y la libertad a quienes les atacan, a lo que éstos responden acusando a sus detractores de carecer de principios tanto religiosos como morales. Lo primero que personalmente me llama la atención es el bajo nivel de la polémica, así como su burda instrumentalización como arma política, de manera que lo que en sus raíces es un problema filosófico – como todas las grandes cuestiones – degenera en pugna mitinera de tres al cuarto.
Si quisiéramos buscar un precursor del relativismo lo podríamos encontrar en Heráclito y su tesis del ‘todo fluye’. O también podríamos recordar a Protágoras y demás sofistas, que rechazaban las verdades objetivas para admitir únicamente como válidas las que convenían a cada sujeto particular. No menos patente es el parentesco entre el relativismo y el escepticismo de Pirrón y sus discípulos. Pero todo esto queda muy lejos y no tiene mucho que ver con el relativismo postulado hoy por determinadas corrientes de pensamiento. Los partidarios del relativismo actual se consideran a sí mismos como hijos legítimos y predilectos de la libertad y la autodeterminación y, por ello, como herederos del liberalismo. Pero esa presunta herencia es más que dudosa, pues si es cierto que el liberalismo postulaba la libertad individual frente a todo tipo de coacción, no lo es menos que esta defensa de la libertad iba unida a principios morales irreversibles, y, por tanto, todo lo contrario de relativistas. Y el primer principio era el de que la libertad individual termina allí donde empieza la de los demás, una tesis que recorre como un hilo de Ariadna todo el pensamiento liberal, desde John Locke a Kant. Los relativistas de nuevo cuño olvidan que el liberalismo clásico asumió, a través del Renacimiento y de la “humanitas” moderna, las enseñanzas morales de la cultura grecorromana; de ahí que Shaftesbury elogiase el “moral sense”, David Hume eI “altruismo” o Adam Smith los “moral sentiments”, para no citar sino algunos ejemplos representativos. El relativismo postmoderno hoy reinante lo ha relativizado todo menos al propio sujeto individual, al que ha absolutizado; he ahí su contradicción fundamental y lo que le separa abismalmente de los padres del pensamiento liberal, ya que a diferencia de éstos no se sienten atados a ningún precepto ético o comunitario y obran en consonancia con la máxima del ‘anything goes’ proclamada por Paul Feyerabend o, aún peor, con el amoralismo egocéntrico del “Único” de Max Stirner. Por lo demás, afirmar que todo es relativo incluye en buena lógica el propio relativismo.
Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 14-20 de Marzo de 2008. nº 361.





