El eterno retorno
15 Junio 2008, escrito por ipit
Una de las ventajas de leer o releer a los clásicos es la de poder descubrir una y otra vez que lo que a menudo consideramos como una novedad o particularidad de la época que nos ha tocado vivir, es en realidad un lugar común de la conducta humana. No otra cosa querÃa expresar Federico Nietzsche al definir la historia universal como “el eterno retorno de lo mismo”.
(…)la experiencia histórica demuestra que el interés personal ha constituido siempre uno de los factores más frecuentes y decisivos de la clase polÃtica, y ello empezando por la democracia griega de hace 2.500 años, cuyo nacimiento coincide más o menos con el surgimiento de la sofÃstica, la erÃstica, la demagogia, el afán de encumbramiento, el culto al éxito y el auge del relativismo ético. En una sociedad regida por la razón instrumental y el principio de competitividad, serÃa un milagro que la única motivación de los representantes de la ‘res publica’ fuera el altruismo, el desinterés o el amor a un ideal. Eso sigue sin duda existiendo, pero no creo que sea la motivación predominante. La pésima opinión que el ciudadano medio tiene del polÃtico hoy en boga es en este contexto altamente significativa. La lucha por el poder, la vanidad, el afán de gloria y la sed de protagonismo es una enfermedad crónica de la humanidad que se reproduce en todas las sociedades. Y la nuestra no es una excepción, sino una plena confirmación de esta funesta tradición.
En el fondo de todo esto está lo que los griegos llamaban ‘philautÃa’ o amor excesivo a sà mismo, una actitud cuya consecuencia última es el egocentrismo en sus múltiples manifestaciones y que, por ello, Platón consideraba como el peor de los males y el origen de la discordia civil. Y de la misma o parecida opinión eran los representantes de la patrÃstica y la escolástica; de ahà su rotunda condena del ‘amor sui’ o de lo que San AgustÃn denominaba ‘dilectio privata’ como negación del verdadero amor, que es inseparable del ‘amor socialis’. Lo que en aquellos tiempos hoy lejanos era considerado como una grave deformación de carácter, pasarÃa a convertirse, a partir del advenimiento de la ética burguesa y su culto desenfrenado al individualismo posesivo y a la draconiana ley de la competencia, casi en un tÃtulo de honor.





