Sectarismo
15 Junio 2008, escrito por ipit
(…)Un país en el que la mitad de su población está disputando de continuo con la otra mitad tiene escasas posibilidades de dar una solución satisfactoria a sus problemas y está condenado a la discontinuidad y a la inoperancia. Nuestra proclividad al sectarismo, lejos de ser un fenómeno reciente y una particularidad del PSOE, del PP y otros partidos, tiene raíces muy lejanas y forma parte desde hace siglos de la dimensión negativa de nuestra tradición histórica. El solo hecho de que subsista demuestra lo poco que en este aspecto hemos aprendido. Oficial y formalmente hemos adquirido por fin la categoría de democracia pluralista, pero lo que se oye en las tribunas públicas no pasa de ser, con escasas y honrosas excepciones, lo que mi inolvidable amigo Ulrich Sonneman hubiera llamado “monólogos aislados unos de los otros”. Además de emponzoñar nuestra convivencia cívica, esta incapacidad dialógica conduce también a un empobrecimiento humano, moral e intelectual de la vida intersubjetiva y colectiva. Porque diálogo significa no sólo entenderse, sino también enriquecerse, mientras que a la inversa, el antidiálogo no es sólo negación del otro, sino de uno mismo. Mirado atentamente, el hiperindividualismo carpetovetónico se revela como un intento de prescindir de los demás como interlocutores y de reducirlos a materia pasiva de nuestro expansionismo personal.
iQué horror, vivir creyendo que se tiene siempre razón y considerar como enemigo en potencia a quien no comparta nuestros puntos de vista! ¡Y qué aburrida una sociedad que desconoce la fecundidad de la dialéctica y practica casi exclusivamente la esterilidad de la monoléctica!
Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 25-1 de Mayo de 2008. nº 367.





