Por si alguien no lo sabe, egipcio es aquel que cobra un dinero por no hacer nada, que cobra, como en la imagen tantas veces representada simulando los jeroglíficos egipcios, con una mano por delante y otra por detrás. Muchas veces nos preguntamos, por ejemplo, cómo es posible que un producto que a un agricultor se lo pagan miserablemente, a nosotros en la tienda nos cuesta carísimo. Egipcios por el medio.
Pues bien, la SGAE, el paradigma del egipcio en España, ha conseguido convertirse en el mayor vendedor de productos de electrónica: cada vez que alguien compre un ordenador, o un DVD, o un Mp3, ellos se llevarán su parte, a costa del fabricante, el vendedor y, en última instancia, del comprador. Ver para creer.
Revisando una colección de La Clave que sacó el periódico El Mundo hace tiempo –por cierto, que la estoy pasando de VHS a DVD, y le pago la parte correspondiente a la SGAE por los discos DVD, y he librado el grabador de milagro porque lo compre hace un mes-, el mítico programa televisivo de José Luis Balbín, he visto a Manuel Vázquez Montalbán que decía, hablando del franquismo, que a todos los gobiernos les gusta rodearse de artistas; Balbín rápido, le pregunta, “ahora también” –el programa es de los 80-, y Vázquez Montalbán sin inmutarse responde, “sí, claro, ahora también”.
Pues eso, que sí, ahora también y más que nunca, añado yo. Zapatero sabe que salir en los mítines con Sabina, Víctor Manuel, etc., da votos. Que esa colaboración la paguemos luego los españoles en forma de impuesto encubierto, como entenderán, no le preocupa lo más mínimo.
Y esto seguirá hasta que acabe esta etapa de PSOE, después, dudo que ningún candidato se presente a unas elecciones sin proponer el cambio de este aberrante abuso de influencia.






Pues en este país lo de los abusos de influencia no parece que sea cosa que desprecien los partidos, sea cual sea su color. Los medios de comunicación, por ejemplo, nos demuestran lo que puede dar de sí la influencia de la política. Y si hablamos de negocios más o menos declarados, ahí sí que ya no toca nadie. Que eso es crear progreso, riqueza, empleo, y de lo bueno lo mejor. Largo y próspero futuro le espera a la SGAE.