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Sentirse responsable

He leído esta mañana las palabras que el presidente de Francia, Sarkozy, les ha dicho a los soldados franceses en Afganistán, y me han impresionado. Seguro que se puede pensar que son simples palabras, que no implican nada, pero me gusta oír a un presidente decir “Quiero que quede claro: cuando os ocurre algo, yo me siento responsable”.

Evidentemente, estas cosas me pasan, porque en los 30 años que llevamos de democracia en España no he oído esas mismas palabras a ningún presidente español –que alguien me corrija si no es así-. Da igual la gravedad de los hechos, nunca asumirán con claridad la responsabilidad.

No ha sido Sarkozy el que ha puesto las bombas a los soldados franceses, ni el que ha disparado sobre ellos, pero se siente responsable. Como debe ser, que para eso es el presidente de la nación. ¿Cuántas veces hemos oído en España que los únicos responsables son los terroristas? Los terroristas lo son siempre, antes y después de sus acciones, y no se puede esperar de ellos otra cosa que atentados, por eso, oír tras un asesinato que los responsables son ellos, es indigno de quien tiene la capacidad de tomar decisiones.

En nuestro país, en estos 30 años, se ha producido un enorme cambio en la mentalidad de quienes vivimos en el, un paso radical de una dictadura a una democracia, a todos los niveles. Y en los organismos públicos con los que tiene que lidiar el ciudadano habitualmente es más que evidente, desde la policía, hasta los, tantas veces criticados funcionarios, que hoy en día, desde sus ventanillas, son amables y eficaces.

Estos cambios no obedecen sólo a la actitud de las personas, aunque es una parte muy importante, también es debido a que las estructuras del estado han cambiado. Utilizando los dos ejemplos anteriores, la policía no tiene la función represiva que tenía en la dictadura, y los trámites de cualquier asunto con la administración se han simplificado mucho.

Pues bien, sólo hay una parte del estado que ha seguido la famosa regla de Lampedusa: “A veces es necesario que algo cambie para que todo siga igual.”: la clase política, la forma de determinar quienes tomarán las decisiones. Con nuestro sistema político, todos los dirigentes están nombrados a dedo, porque el ciudadano sólo refrenda una decisión tomada en la cúpula de los partidos políticos; todos ellos salen del mismo caldo de cultivo autoritario, los partidos políticos, donde, desde que empiezas, aprendes a acatar su férrea disciplina. Como vemos habitualmente, son los únicos que consideran normal que a quien está en el poder se le pueda “ayudar” a tomar decisiones con un aliciente económico; incluso hay quien se justifica diciendo que el dinero no era para él, sino para el partido.

Como decía al principio, la razón por la que en España es prácticamente imposible oír a un político asumir la responsabilidad, es debido a que su forma de entender el estado y la política tiene un herencia de la que todavía no nos hemos podido desprender. Nada es casualidad

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