A quitar las placas
20 octubre 2008, escrito por ipit
Parece ser que, a cuenta de la Ley de Memoria Histórica o, mejor dicho, utilizándola como terapia sicológica por alguno, quieren quitar las placas que se colocaban en las viviendas sociales que se construÃan en el franquismo, aquellas que en mi pueblo se llamaban “las casas baratas”, y en las que yo vivà durante muchos años. Esto, me lo cuenten como quieran, no tiene que ver con la dignidad de las vÃctimas, en cualquier caso tendrá que ver con la indignidad de quienes no han sido capaces de hacer una polÃtica de vivienda, a la altura de una dictadura.
Me cabrea especialmente este tema por dos razones: la primera, porque esas placas son parte de la historia de las viviendas y, son Historia de este paÃs, y una cosa es que una calle mantenga el nombre de un militar franquista, y otra muy distinta, borrar todo vestigio de cuarenta años de dictadura en España; y segunda, porque le darÃa de patadas a todas esas placas que pueblan nuestras ciudades, en las que aparece el polÃtico de turno, como si él fuera el hacedor de la obra pública.
Me resulta indignante. Es como si el señor Conde, hubiera tenido la gentileza de dotar a la ciudad, a la que aprecia, con un puente, unas viviendas o un parque para que esparzan las gentes del lugar. ¡Pues no! Las obras públicas las hace un Ayuntamiento, una Comunidad Autónoma o el Estado Central, que somos todos, y no el mameluco de turno que ha tenido la potra de conseguir un puesto de alcalde para él y su familia. DeberÃamos echarnos a la calle y arrancar esas placas mentirosas, que dejarán para nuestros sucesores la idea falsa, de que esos tipos que ahà figuran hicieron las obras. Como si se tratase de faraones.
Estas son las placas que hay que quitar, y no las del INV. Antaño, con mayor decencia que ahora, sólo aparecÃa el nombre del organismo que habÃa hecho la obra y ni el del dictador, ni el de ningún ministro. Entiendo que a la ralea que conforma nuestra clase polÃtica le produzca vergüenza la comparación, pero borrar todas las huellas de la dictadura, aunque ahora parezca imposible, sólo lleva a la repetición de los hechos.









