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La libertad del pobre

Ayer comencé a leer mis blogs favoritos con Google Reader, después de muchos años con Bloglines. Y, antes de hacer este cambio, busqué información sobre lo que opinaban los usuarios de este servicio. Curiosamente, el comentario más abundante, era el de gente reacia a usar Google Reader porque ya utilizaba muchos servicios de Google, y quería más libertad, menos dependencia. Esto es lo que yo llamo la libertad del pobre.

En el mundo en qué vivimos, estamos controlados en todas las facetas de nuestra vida. Los estados nos encauzan con multitud de leyes que hemos de obedecer, nos abrasan con impuestos, en la mayoría de los casos, nefastamente gestionados; las empresas para las que trabajamos, nos pagan sueldos ridículos, que nada tienen que ver con los beneficios que obtienen de nuestro trabajo, además de establecer una normativa, destinada más al control que a facilitar la realización de nuestras tareas; la sociedad nos marca unos patrones a seguir, unos usos mayormente absurdos -como lo “políticamente correcto”-, y nos reprobarán públicamente como osemos salirnos de ellos. Y así podríamos seguir mucho más.

Pues bien, de todas estas tiranías no decimos ni mu. Bueno, sí, en el bar, cuando arreglamos el mundo, o en los ratos libres que nos dejen todas las obligaciones impuestas. ¿Rebelarnos? ¿Proclamar un basta ya de ser las marionetas de este sistema, que últimamente, además, nos está metiendo el miedo en el cuerpo? Nada.

Eso sí, viene Google, que nos ofrece una herramienta gratuita para facilitarnos un poco la existencia, y aquí somos duros, inflexibles, a ver si se creen estos tipos que nos van a controlar. Lo dicho, la libertad del pobre.

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