Los sÃntomas
5 Noviembre 2008, escrito por ipit
Uno de los males de nuestro tiempo, de las causas de mayores desastres, es la práctica de enfrentar los problemas actuando contra los sÃntomas visibles y no contra la raÃz de los males. Esta práctica produce a largo plazo que estemos continuamente enfrentándonos a los mismos problemas, que ya enquistados, cada vez son más difÃciles de solucionar. Probablemente, la falta de tiempo para tomar decisiones, la irreflexión y la prisa con la que hacemos todo, sea la principal causa de esta patologÃa.
Esta mala práctica la estamos viendo a diario. Desde asuntos “menores” como la visita al médico, donde en quince minutos nos receta varios remedios que aplacarán los sÃntomas de nuestra enfermedad y, si tenemos suerte, en el entretiempo que dura la medicación se irá la enfermedad; sino, a volver a por otros ungüentos. Hasta la nefasta solución para el terrorismo que se le ocurrió a Bush, que en lugar de indagar en la causa de por qué alguien está dispuesto a matarse con tal de hacerte daño, se dedico a destruir a bombazos varios paÃses.
Aquà en España, nos destacamos especialmente en esta costumbre nociva. La lista de ejemplos serÃa cuasi infinita. Las inundaciones anuales, en los mismos sitios, en las mismas puertas, casi a la misma hora. La sequÃa, la otra cara de la moneda de la inundación, por un lado nos hartamos de agua, y a los pocos meses, nos secamos. Y siempre lo mismo, soluciones puntuales, ocurrencias que sirven para poco y vuelta a empezar. Y ahora, con nuestra crisis más de lo mismo, empezamos con los 400€ y lo último han sido los 1500€. El presidente, como una madre en el lecho del enfermo, nos da ánimos y nos pone cataplasmas, pidiendo a Dios -o a USA- para que nos curemos pronto. Pero asà no se cura una enfermedad.
La base del método es la misma: tenemos un problema y hay que tomar una decisión rápida que lo solucione. Como esto es imposible, porque no puede haber una solución rápida y sencilla para un problema complejo, lo único que se consigue es una ligera mejorÃa del cuerpo -sea un ser humano o un paÃs-, para, al poco tiempo, caer en una mayor frustración al comprobar que nada se ha solucionado.
DeberÃamos plantearnos -ahora que tenemos presi nuevo en USA-, que este mundo apresurado sólo nos avoca al desastre, no final, que serÃa una visión optimista -se acaba todo, y solucionado-, sino continuado. A estar dando tumbos continuamente, como si de un camión desvencijado se tratase, que por desgracia, en su camino va perdiendo la valiosa carga: las personas que cada dÃa sufren porque los sÃntomas de su enfermedad han vuelto.






