Cambio de modelo
7 febrero 2009, escrito por ipit
Con la impresión que ha producido la crisis en la clase política –el miedo a perder privilegios-, muchos se han apuntado al carro del cambio de modelo económico. Cierto que esto fue al principio, y actualmente ya no se oye nada de aquello, salvo que se les culpe de falta de previsión –más que evidente-, y entonces intenta tapar responsabilidades contándonos que lo que hemos de hacer es cambiar el modelo de negocio.
Pero para realizar ese hipotético cambio, hay que poner los medios para que se desarrollen esos nuevos negocios. Y esta es la parte que siempre olvidan. Por ejemplo, de tres planes que este gobierno tenía de investigación hasta el 2010, nada más admitir que sí estábamos en crisis, se cargó dos. Malamente vamos a sentar las bases de nada futuro olvidando la investigación.
El cambio de modelo lo tenían que haber realizado desde los distintos gobiernos en los últimos 10 años. En lugar de eso, propiciaron la ganancia fácil de dinero con la construcción, porque todos sacaban tajada del negocio, aunque no fuera una buena política de vivienda, ya que en lugar de facilitar el acceso a la vivienda de forma razonable, endeudó a miles de familias a unos niveles que, por desgracia, ahora les van a pasar una durísima factura.
Si de verdad estaban preocupados porque España no sea solamente un país de recepción del turismo europeo, deberían haber apostado claramente por las nuevas tecnologías, en lugar de favorecer monopolios como el de Telefónica; deberían haberse preocupado por incentivar proyectos de investigación a largo plazo, sin preocuparse por si van a obtener réditos en las siguientes elecciones. Pero es pedir demasiado a la que, probablemente, sea la clase política más mediocre de toda Europa: ni tienen sentido de estado, ni les preocupa nada que vaya más allá de las siguientes elecciones.
Ahora, en plena debacle, todo es mucho más difícil, ahora que estamos en el sálvese quien pueda, tenemos que encontrar ese sentido de estado del que hablo. En esta situación penosa en la que nos encontramos, sería bueno que la clase política se diera una tregua en las ambiciones personales, y pensara como poner las bases de un futuro algo más estable que el pasado reciente.
Sé que pido mucho, pero pedir, constantemente y sin tregua, es lo que debemos hacer los ciudadanos a quienes nos gobiernan.










Pues viendo cómo andan últimamente los del PP (que podría ser perfectamente otro partido), nos dan unas esperanzas que vamos… Esto de cambiar el estatus quo es algo a lo que los partidos tienen pánico. Viendo el tema de las financiaciones sospechosas, las relaciones fraudulentas y demás, uno piensa: ¿porqué no sacan una ley sobre la financiación de los partidos? Y no hay manera, prefieren enmarronarse y hundirse moral y popularmente antes de hacer algo en serio.
Nada de previsión, el futuro no existe. ¡A parchear se ha dicho!
Hola Niño,
La verdad es que el panorama es penoso, y es difícil pensar que nuestra clase política sea capaz de prever o planificar alguna cosa. En cualquier caso, como he dicho muchas veces, esto no es una desgracia divina que padecemos los españoles, esto es una consecuencia clara de un sistema político en el que los representantes sólo rinden cuentas a los ciudadanos cada 4 años; y mientras tanto, tienen total manga ancha. Así, como bien dices, para qué ley de financiación, para qué separación de poderes, y tantas otras cosas.
En cualquier caso, como creo que no debemos resignarnos, ayer me alegró la noticia de que UPyD aparece en el último CIS con una subida apreciable. Sinceramente creo –ahora que se habla otra vez de Adolfo Suarez- que nos vendría de maravilla que UPyD llegara a ser una nueva UCD, y mandase a la oposición a PSOE y PP -la única manera de limpiar estos dos partidos es la pérdida del poder-. Esa visión que dice, “para que vamos a votar a estos si después harán lo mismo”, nos deja siempre a merced de la suerte de que aparezca un buen gobernante en estos dos partidos, y en las condiciones de nuestro sistema político, esto es cada vez más inverosímil.