Subscríbete a
Entradas
Comentarios

Y me siguen llamando democracia

Quienes se acercan habitualmente por este sitio, sabrán lo que pienso sobre el sistema político que tenemos en España. No es una Democracia, es un sistema de libertades en el que se mantiene la liturgia de las urnas, más por ser una costumbre cosmética, que por la utilidad del procedimiento. Tal y como se han desarrollado los partidos políticos, y su forma de financiación, el poder está perfectamente controlado y repartido.

Alguien podría pensar, que en la mayoría de democracias sólo existen dos partidos políticos, por lo que no es tan raro lo que sucede aquí. Pero es parte del engaño que mantiene la clase política en España: que todo parezca como si fuera lo que no es. Parece que hay representantes de los ciudadanos, y sólo son delegados de los partidos políticos; parece que hay tres poderes, y sólo tenemos uno, el ejecutivo; parece que todos somos iguales ante la ley, pero en realidad –cómo nos acaban de decir desde la UE-, las administraciones públicas tienen carta blanca para saltarse la ley sin consecuencias.

El último disparate, que haría morir de vergüenza a los representantes de cualquier otro país, es la votación del informe de la Comisión del Estatuto de los Diputados. Han votado sin tener el informe, es decir, no sabían lo que votaban –sólo los portavoces lo conocían-, y en votación secreta. A nivel cualitativo, la verdad sea dicha, no agrava excesivamente la práctica habitual: siempre votan lo que les mandan los portavoces –el jefe del partido-. Pero en cuanto a la imagen que ofrecen –y en la Democracia es muy importante-, es de un nivel ético imposible de rebajar –bueno, es un decir-.

Claramente nos muestran que al congreso van a cobrar y punto. De hecho, aligeran las normas para poder irse a sus provincias cuanto antes, no a escuchar los problemas de los votantes, sino a dedicarse a sus negocios, que con el sueldo de diputado no les da.

Como decía Voltaire, me repetiré hasta que me entiendan: España no será un país moderno y democrático hasta que no hagamos una segunda transición en la que cambiemos por completo el sistema político que se creó después de la dictadura. Mientras, seguiremos pataleando, pero no cambiaremos nada, porque todo está atado y bien atado.

Share on TwitterSave on DeliciousShare via email

Trackback URI | Comments RSS

Deja un comentario