Y me siguen llamando democracia
30 marzo 2009, escrito por ipit
Quienes se acercan habitualmente por este sitio, sabrán lo que pienso sobre el sistema polÃtico que tenemos en España. No es una Democracia, es un sistema de libertades en el que se mantiene la liturgia de las urnas, más por ser una costumbre cosmética, que por la utilidad del procedimiento. Tal y como se han desarrollado los partidos polÃticos, y su forma de financiación, el poder está perfectamente controlado y repartido.
Alguien podrÃa pensar, que en la mayorÃa de democracias sólo existen dos partidos polÃticos, por lo que no es tan raro lo que sucede aquÃ. Pero es parte del engaño que mantiene la clase polÃtica en España: que todo parezca como si fuera lo que no es. Parece que hay representantes de los ciudadanos, y sólo son delegados de los partidos polÃticos; parece que hay tres poderes, y sólo tenemos uno, el ejecutivo; parece que todos somos iguales ante la ley, pero en realidad –cómo nos acaban de decir desde la UE-, las administraciones públicas tienen carta blanca para saltarse la ley sin consecuencias.
El último disparate, que harÃa morir de vergüenza a los representantes de cualquier otro paÃs, es la votación del informe de la Comisión del Estatuto de los Diputados. Han votado sin tener el informe, es decir, no sabÃan lo que votaban –sólo los portavoces lo conocÃan-, y en votación secreta. A nivel cualitativo, la verdad sea dicha, no agrava excesivamente la práctica habitual: siempre votan lo que les mandan los portavoces –el jefe del partido-. Pero en cuanto a la imagen que ofrecen –y en la Democracia es muy importante-, es de un nivel ético imposible de rebajar –bueno, es un decir-.
Claramente nos muestran que al congreso van a cobrar y punto. De hecho, aligeran las normas para poder irse a sus provincias cuanto antes, no a escuchar los problemas de los votantes, sino a dedicarse a sus negocios, que con el sueldo de diputado no les da.
Como decÃa Voltaire, me repetiré hasta que me entiendan: España no será un paÃs moderno y democrático hasta que no hagamos una segunda transición en la que cambiemos por completo el sistema polÃtico que se creó después de la dictadura. Mientras, seguiremos pataleando, pero no cambiaremos nada, porque todo está atado y bien atado.









