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Instituciones poco públicas

Habitualmente intento demostrar desde este blog, que muchos de los problemas que tenemos en este país, son debidos a nuestro sistema político, que tiene muchos resabios del régimen anterior, aunque España pasase a una democracia.

El problema es que la Democracia es un sistema político por el que hay que luchar día a día para mantenerlo en buenas condiciones, sino se corre el riesgo de que se convierta en una oligarquía, como cualquier otro sistema no democrático. Y en España, nuestra clase política –demócratas de toda la vida-, no sólo no ha luchado por la Democracia, sino que se ha dedicado a quitarle todos sus atributos, para manejarla a su antojo.

Leo en Una cuestión personal, sobre el artículo escrito por Víctor Lapuente hablando de la relación entre la politización de las instituciones públicas y la corrupción, algo que vemos a diario alrededor de cualquier cargo electo de nuestro país. Como nombran a dedo a quienes quieren pagar favores, o para tener controlado aspectos de la vida pública que les resultan interesantes.

Este es un mal al que no se le ha puesto coto, prohibiendo esos nombramientos discrecionales; al contrario, se favorece cada vez más que se pueda nombrar con el dedo del poder, sin límite alguno. Empezando por el Presidente del Gobierno y sus ministros, con sus innumerables asesores –lógico, por otro lado, ya que cuanto menor sea la preparación de los ministros en una materia, y es la tendencia actual,  más asesores necesitarán-

El dato que aporta Víctor Lapuente es escalofriante y nos pone, una vez más, a años luz de Europa: “En una ciudad europea de 100.000 a 500.000 habitantes puede haber, incluyendo al alcalde, dos o tres personas cuyo sueldo depende de que el partido X gane las elecciones.”. Mientras tanto, seguimos con la amenaza de Bruselas de congelar los fondos europeos, sino hacemos algo para evitar la corrupción urbanística.

Son muchos los aspectos de la vida diaria que mejorarían si tuviéramos una democracia real en España, si los ciudadanos pudiéramos controlar la acción política, directamente, con mayor participación,  y mediante leyes de control que la clase política no pueda cambiar a su antojo. Para ello, tenemos que hacérselo saber a quienes han llevado a nuestro sistema político a la penosa situación actual, que no son otros que PSOE y PP.

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3 Comentarios a “Instituciones poco públicas”

  1. el 14 abr 2009 a las 15:36 El niño yuntero

    Al hilo de lo que cuentas en tu entrada, vengo dándole vueltas a la participación de la gente en los organismos, instituciones y demás articulaciones de nuestra democracia. Y es que personalmente me las veo y me las deseo para poder participar de alguna forma. No tengo prácticamente tiempo por culpa de mi trabajo. Puede sonar tópico pero es así, además hay rachas, como ahora, en las que no hago nada más que ir de mi casa al trabajo (o donde toque dormir ese día) y coger aire el fin de semana. Y así voy que ni escribo en el blog ni nada, pero ideas no faltan y ganas ni te cuento.
    Tampoco voy a sacrificar el tiempo que tengo por la noche cuando estoy en mi casa o los fines de semana, porque prefiero mimar a mi pareja antes que a nuestro sistema político-social.
    Esta es una situación que veo en la mayor parte de la gente que me rodea, y lo curioso es que hay cada vez más herramientas y oportunidades para la participación (presupuestos participativos, webs de ayuntamientos, administraciones, partidos políticos, asociaciones civiles, etc.). Es como si pasases por un paraje maravilloso en un autobús blindado a 200 por hora, sin oportunidad de parar.
    Por lo menos tengo algún huequito para escribir algo a los compañeros blogueros.

  2. el 16 abr 2009 a las 10:43 Ipit

    Es cierto –y todos estamos más o menos igual- que sacar tiempo del día a día es muy complicado, pero pienso, que el problema fundamental es que los ciudadanos de España creamos que podemos cambiar cosas con nuestra aportación. Para ello, debería cambiar la importancia de nuestras opiniones en las acciones de los políticos.
    Como bien dices, mediante Internet tenemos más posibilidad de hacer llegar nuestras opiniones a los cargos públicos, pero lo que opinemos les trae sin cuidado. El ejemplo más claro de esto es el Defensor del Pueblo: cuando se le escucha haciendo balance de las peticiones de los ciudadanos, parece un pobre a la puerta de una iglesia, esperando que algo le toque –y yo me dirigí a él en una ocasión y el trato fue exquisito-.
    Los españoles tenemos muchas reticencias a reivindicar a las instituciones lo que consideramos justo –pienso, que por los 40 años de dictadura, que pesan mucho-, pero los cauces que nos dejan, son poco más que el pataleo.

  3. el 25 abr 2009 a las 2:37 Daniel

    Ahí! Toma esos dos post, este y el anterior que también acabo de leer. Disculpas que como bien comentáis la vida se hecha encima de uno y no hay casi tiempo para estar al día o al menos para ir transitando por los sitios que uno quisiera como esto. No se yo si el pataleo es lo último que nos queda… Tampoco se si es esteril. Espero que sea algo más lo que se puede hacer, pero en mi reciente, feliz y obligada vertiente paternal también tengo muy presente que con el pataleo se logran cosas.
    Un gran saludo,
    Daniel

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