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Ejercer la vergüenza.

Si a las personas no se nos pone límites en nuestros actos, si no se nos marcan las reglas de juego, salvo raras excepciones, nos desmandamos y olvidamos que vivimos en una sociedad con vecinos a los que respetar. Cuando las personas, además, tienen un cargo público, la falta de control lleva al sistema político al desbarajuste.

Que el presidente del gobierno utilice como privados los medios que los españoles le cedemos para que ejerza las funciones de su cargo –presidente de todos los españoles-, es un abuso de poder y una desvergüenza. Además de adulterar las elecciones un poco más todavía, ya que, a la ventaja con la que parten los partidos mayoritarios –económica y de publicidad gratuita-, añadimos los recursos que le proporciona el cargo, con lo que puede asistir a más mítines que nadie.

En ocasiones anteriores han sucedido cosas parecidas, pero entonces, se reconocía el error y se hacía propósito de enmienda. Ahora no. Y es que, como tantas veces he comentado, el derrotero de nuestro sistema político, sin apenas forma de controlar a quienes ejercen el poder, nos lleva a que cada vez se tomen más privilegios como algo normal.

Nos están haciendo tragar estas ruedas de molino, poco a poco, sin que se note. Y es que, viendo lo que ha pasado en Reino Unido, aquí estarán pensando en institucionalizar todos los gastos que puedan tener, para que todo sea perfectamente legal. Ya sabemos que nuestros políticos hace tiempo que perdieron la vergüenza, pero no el respeto a la ley.

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