El coste de olvidar la historia
12 julio 2009, escrito por ipit
A veces decimos aquello de que quienes olvidan la historia, suelen repetirla. Pero quizá este tipo de reflexiones apelan al sentido común, que como sabemos por propia experiencia, la clase política no tiene, entre otras razones, porque cuando el resto de los mortales no hacemos caso al sentido común, sufrimos las consecuencias, mientras que si ellos no lo hacen, somos también nosotros quienes sufrimos las consecuencias –fundamentalmente, en países como España, donde el sistema político es una vago recuerdo de la Democracia-.
Conocimos ayer la noticia de los 8 soldados británicos muertos en Afganistán. En el momento que los soldados salen de sus cuarteles en aquel país, comienzan las bajas –y los enfrentamientos y el mayor sufrimiento de la población-, y a repetirse la dinámica de las guerras allí: combates con grupos reducidos, que al poco tiempo vuelven a reagruparse, y vuelta a empezar. Como comenta Iñigo en Guerra eterna, los talibanes no tienen prisa por terminar la guerra, es su forma de vida. Pero los países que tenemos tropas allí sí, sobre todo si de verdad estamos pensando en los ciudadanos de Afganistán.
En España, el gobierno ha cambiado de parecer – como ya es habitual en todo tipo de asuntos-, y puesto que Obama pedía tropas, se las dimos, con el argumento ya gastado de que allí se lucha por la libertad del mundo libre. Y la verdad, no tengo muy claro por qué se lucha en Afganistán, pero a estas alturas, está más que demostrado que no para mejorar la vida de los ciudadanos de aquel país.
Me preocupa que Obama tome como “su guerra” la de Afganistán, porque está en la tradición de los presidentes americanos más “pacifistas”, meterse en enormes berenjenales. Y es que, se parece tanto la manera de como Kennedy veía Vietnam, a cómo Obama ve Afganistán, que da un poco de miedo. Decía Kennedy en 1956: “Vietnam represents the cornerstone of the Free World in Southeast Asia, the keystone to the arch, the finger in the dike”. Y me preocupa principalmente, porque nuestro presidente está embelesado con él, y si pide más, más le daremos.
Pretender ganar una guerra en Afganistán con un ejército convencional es, como la historia nos indica, una ilusión irrealizable. Si Obama quiere ganar esa guerra –y por añadidura, mejorar la situación del mundo-, yo le aconsejaría –perdón por el atrevimiento- que se ocupase del tráfico de armas mundial, que es el causante de que se mantengan en el tiempo tantos y tantos conflictos. Ese podría ser un magnífico propósito para su mandato, y evitar que pase a la historia como el presidente que mejores discursos hizo.









