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En las peores manos

Desgraciadamente para los españoles, el triste espectáculo que nos están ofreciendo los dos partidos que reúnen mayor número de votos, es decir, que representan –es una forma de hablar- a mayor número de ciudadanos, es todo lo que podemos esperar de esta clase política en un momento difícil para el país.

Por una parte, la corrupción que aflora a borbotones en la oposición. Y digo aflora, porque descubrimos casos cada cierto tiempo, pero la enfermedad está ampliamente extendida por todos los centros de poder donde se decide el destino de nuestros dineros. Una consecuencia natural de nuestro sistema de partidos, convertidos en monstruos insaciables de dinero, que han crecido de manera disparatada. Por eso, quienes entren al trapo de nuestros políticos, y crean que esto es un problema de un sólo partido, no sólo se equivocan gravemente, sino que ayudarán a perpetuar esta lamentable situación.

Con este panorama, en lugar de ejercer el control al gobierno, vemos al principal partido de la oposición defendiéndose de la que le cae encima, de la manera que sabe hacerlo nuestra clase política –porque entre todos se lo hemos permitido-: mirando para otro lado. Y es que, nos hemos acostumbrado a que en España los excesos de los políticos no tengan consecuencias, desde que en los años de Felipe González se instauró la costumbre de esperar a lo que digan los tribunales de justicia; y ya sabemos cómo funcionan.

Así las cosas, el gobierno aprovecha para hacer lo mismo que la oposición, mirar para otro lado – superado por la situación-, haciendo rogativas para que EE.UU. nos saque de la crisis.

Como decía al principio, desgraciada es la situación de la oposición, pero igual o más penosa es la del gobierno que, en una vuelta de tuerca más en el desmembramiento de nuestro sistema político, está utilizando al fiscal general del Estado contra la oposición, en un cambio cualitativo en el desprecio a la Democracia. Hasta ahora, los gobiernos anteriores exigían al fiscal inacción, y veíamos desfilar todo tipo de choriceos sin que hiciera nada; en su nueva función, sólo investiga los casos de la oposición. Sin extenderme demasiado, en sus ratos libres la Fiscalía podría investigar que ha pasado en Caja Castilla La Mancha, a la que hemos tenido que tapar los agujeros con dinero de todos, por la incalificable gestión –o calificable- del amigo Moltó. O si le preocupan los sobrecostes en las obras –es el tema que se investiga en Mallorca-, puede venirse a Asturias, a interesarse por el puerto de Gijón, cuya obra, todavía no terminada, tiene una desviación del 43% de su presupuesto original que, por cierto, nadie quiere pagar: ni Bruselas –no se fían, e investigan por si tienen que devolver las ayudas que les concedieron-, ni el gobierno central.

Evidentemente, poco tiene que decir la oposición que no hace mucho firmó el pacto por la justicia con el gobierno que, básicamente, consiste en convertir el Poder Judicial en una sucursal de los partidos políticos. Así que ahora sufren las consecuencias, y cuando lleguen al poder, las sufrirán los otros. Es decir, que ambos representan una pantomima a sabiendas de que el sistema político está manipulado con el fin de ir sustituyéndose en el mando.

Triste panorama que nos llevará a sufrir unos años muy difíciles para la mayoría de los ciudadanos, porque, y ojalá me equivoque, nos queda mucho hasta que volvamos a los buenos tiempos o, en fin, a los menos malos.

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