Sembrando destrucción
6 septiembre 2009, escrito por ipit
España es un país sorprendente. Quién nos iba a decir a nosotros, que el presidente del no a la guerra, el que sacó las tropas de Iraq, el de la Alianza de Civilizaciones, nos metería en una guerra de pleno derecho, una guerra como las de antes, una guerra que ya hizo la U.R.S.S. hace muchos años, y perdió.
Desde entonces, los gobernantes de todos los países han aprendido mucho, y a las guerras ya no las llaman guerras –aunque los efectos sean los mismos que antaño-, y las imágenes que llegan son siempre de nuestros soldados, seguros y orgullosos de su labor, porque no dejan que los periodistas husmeen libremente. Antes, las guerras eran para garantizar la seguridad de un país, aunque tuvieran que irse al otro lado del planeta a garantizarla; ahora, no, ahora vamos a establecer la Democracia a los que no la conocen –si fuera así, debería venir la OTAN a España-.
No veo ninguna razón para hacer una guerra, en ningún lugar del planeta y, mucho menos, en Afganistán y para establecer la Democracia. Es una enorme majadería que no se la puede creer nadie. Cierto es, que con la idea de democracia que tiene nuestra clase política, pueden pensar que si conseguimos que los afganos vayan a votar, ya tienen una Democracia. Bueno, pues ni aún así, salvo para la clase política, como era de esperar, las elecciones han sido un camelo que no ha servido para nada. Perdón, para nada no, para seguir justificando que estamos en esa guerra para apoyar al gobierno legítimo de Afganistán.
En Afganistán, como todo el mundo –medianamente objetivo- lleva diciendo desde hace mucho tiempo, se libra una guerra imposible de ganar; entendiendo por ganar, eliminar a los talibanes y mafias varias, para que los ciudadanos vivan mejor. La guerra está tomando el mismo derrotero que tomó siempre en esa tierra: alargarse hasta el infinito. Entre otras razones, porque gran parte del dinero que se le da como ayuda al país, termina en manos de los talibanes, que lo consiguen mediante extorsión a los empresarios que nosotros intentamos ayudar. Es decir, nosotros mismos financiamos la guerrilla. Pues bien, nada más que por acabar con el estado de guerra permanente, si realmente pensasen en los ciudadanos, nos iríamos de allí, ya que lo peor para un país es una guerra que se alarga en el tiempo.
La verdad es que imaginaba la motivación de Bush para montar esa guerra; no alcanzo bien a suponer cuál es la motivación de Obama; pero tengo la certeza de porque estamos allí los españoles: porque nuestro falaz presidente tiene las mismas ínfulas de grandeza que tuvo Aznar; y para estar con los grandes, hay que ir a una guerra –lo de la Champions League de las economías, se esfumó-. Y si puede ser como la de Vietnam, mucho mejor. Ya lo dijo Zapatero a New York Times, el 29 de julio, en una de las intervenciones más bochornosas que ha tenido este hombre: “It’s not so much a question of what Obama can do for us, but what we can do for Obama,” Mr. Zapatero said (No es una cuestión de lo que Obama puede hacer por nosotros, sino de lo que nosotros podemos hacer por Obama).
Con este criterio, seguiremos en esa guerra infame y llevaremos las tropas que le hagan falta a Obama. Morirán nuestros soldados y morirán civiles, y justificarán su muerte con palabrería hueca. Destruiremos lo poco que tienen los afganos, y lo volverán a justificar con más farfolla vana. La misma que utilizan con los ciudadanos de este país, con la diferencia de que nosotros, aun sufriéndolos, podemos llevar una vida digna, mientras que en un estado de guerra permanente nadie puede vivir.









