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Oportunidades perdidas

Leía en algún sitio hace poco, que la clase política tiene miedo a Internet, entre otras razones, porque Internet tiene memoria, y todo lo que se dice, se puede volver a recuperar.

Y encontraba en esa memoria colectiva un artículo de Julio Anguita, del año 1999, donde proponía una serie de cambios para nuestro sistema político, muy necesarios entonces, y absolutamente indispensables hoy. Nada de lo que proponía Anguita se ha tocado -para bien-, al contrario, han dejado que se pudra un poco más.

Y uno de los asuntos que pedía reformar, que ahora está en los medios –aunque se producen casos continuamente-, es el del transfuguismo. Todas las reformas legales que Anguita sugería se evitaron y los partidos, para ahondar en su desvergüenza, se conformaron con un acuerdo que incumplen con total naturalidad.

El resto de propuestas, como digo, las necesitaba nuestro sistema político para seguir manteniendo con cierta dignidad el título de Democracia. Desde la reforma en la elección de los órganos de gobierno de instituciones clave, como el Consejo General del Poder Judicial, hasta la reforma de la inmunidad parlamentaria, para que no sea un blindaje contra la Justicia.

En cambio, hoy estamos esperando las sentencias de un Tribunal Constitucional absolutamente politizado, que no se producen porque no interesa a quien gobierna, con sus miembros prolongando vergonzosamente sus mandatos. O con políticos escondiéndose en sus cargos, para entorpecer claramente las investigaciones de sus chanchullos.

Pobre Anguita, y pobres nosotros. Como tantos que intentaron que España llegara a ser un país equiparable al resto de nuestros vecinos europeos, fracasó.

Tristemente, en su momento de Anguita se solían hacer gracietas, porque resultaba demasiado didáctico. Ahora tenemos lo que nos merecemos, una clase política que gobierna a ritmo de encuestas, que sólo les interesa el poder, y que no tienen el más mínimo sentido de estado: no les preocupa si sus decisiones tienen consecuencias nefastas para la mayoría de los ciudadanos.

La democracia en España ya es la cáscara vacía que Anguita temía, y los ciudadanos han vuelto al mismo sentimiento político que se tenía en la dictadura: descreimiento total hacia la clase política, con la convicción de que nada podemos hacer para cambiar las cosas.

En la memoria de Internet quedará como hemos ido perdiendo oportunidades para reflotar nuestro sistema político, como una clase política ávida de poder y riqueza, destrozó la ilusión de un país. Sólo esperemos que alguna vez se haga realidad aquella sentencia de Fernando Fernán Gómez: “Ahora podemos vivir sin brujos, dentro de unos años sabremos hacerlo sin políticos.”.

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Un comentario a “Oportunidades perdidas”

  1. el 21 oct 2009 a las 11:39 bestplasticsurgery

    Claro tienen miedo porque ya no pueden decir cualquier tontería porque la gente se informa en un segundo y eso de la memoria que dices, siempre hay la posibilidad de confirmar las cosas.

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