Insaciable codicia
19 abril 2010, escrito por ipit
A pesar de la situación penosa en la que se encuentra el país, la clase política no deja de horadar el sistema político y administrativo, para convertir todo en apéndices de su poder. No me refiero al Constitucional, que está en todos los medios, sino a asuntos que apenas se les da importancia, más sutiles, pero que hieren mortalmente la posibilidad de que los ciudadanos tengamos a la administración de nuestra parte –como debiera de ser-.
El gobierno ha aprobado un nuevo Catálogo de puestos de Trabajo, por el que los puestos de libre designación –a dedo, para entendernos- en la Policía Nacional son ahora todos los comisarios principales, los comisarios y los inspectores jefe. Aterrador.
Estamos caminando hacia una policía donde el mérito profesional ya no cuenta en los ascensos, si no que lo importante es llevarse bien con el Ministro y su camarilla. Esto, evidentemente, propiciará desmotivación y falta de interés en hacer las cosas bien; para qué, si van a valorar más al pelota que al competente. Alguien dirá, probablemente con razón, que es coherente con el sistema educativo, donde el esfuerzo y la capacidad del alumno importan poco –por cierto, he descubierto un caso que demuestra que el límite del deterioro está lejos todavía-.
Pero a mí juicio, esto es mucho más peligroso que la simple estulticia de quienes nos gobiernan. En alguna ocasión ya comenté que el anterior Ministro de Justicia pretendía que los jueces pudieran ser nombrados por “meritos” –a dedo, de nuevo- y no sólo por oposición. La idea es la misma que lo que han hecho con la policía: controlar todo el mecanismo de lucha contra el delito. ¿Por qué? Porque hay mucha corrupción –y sólo descubrimos una mínima parte-. Si los comisarios son nombrados a dedo y los jueces también, ¿cómo descubriremos los casos de corrupción? Cuando alguien presente una denuncia, se tirará directamente a la basura.
Además, la experiencia de los últimos años indica, que cuando cambie el gobierno, los que tomen el poder no desharán nada de lo destrozado ahora –como pasó en los años de Aznar- y seguirá todo igual, o peor. Poco queda de lo que se construyó en la Transición que, por cierto, durante muchos años se llevó por el mundo como ejemplo del buen hacer, y ahora no le gusta a los mismos que la paseaban.
Malos tiempos para los españoles, que sufrimos a partes iguales la incompetencia de quienes nos gobiernan, y su insaciable codicia.










Hombre entre un abogado con 20 años de experiencia libremene designado por meritos y el yerno del presidente del Tribunal de oposicion (por poner un ejemplo),yo no dudaria .