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Los últimos coletazos

Cuando este gobierno desaparezca al fin, sentiré un enorme alivio, porque aunque apenas le queda vida para casi nada, lo poco que intenta parece calculado para destrozar cada vez más nuestro sistema político, y ponerlo más a la medida de la clase política que lo controla.

Me refiero a la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que el Gobierno ha aprobado y que debería ahora pasar a las cámaras para su definitiva puesta en marcha –por suerte, parece que no dará tiempo-. Sin entrar en demasiada profundidad, hay un cambio sustancial en la reforma que resultaría nefasto para España –aunque en otros países funciona de esa manera-, y es que la investigación de una causa no la llevará un juez, sino que pasará a manos de los fiscales. Y como sabemos, los fiscales tienen estructura jerárquica, y el jefe de todos es el Fiscal General del Estado, que desde hace muchos años no es del estado, sino del gobierno.

Ni que decir tiene, que si un fiscal ha de decidir si investiga un caso de corrupción y el que esté en el gobierno en ese momento es del mismo partido, no habrá investigación. Se dará al Fiscal General la orden pertinente y se acabó. Es decir, un dislate, un paso más en el camino del no existe lo que no se conoce.

Lo que más me preocupa es que el ministro espera que los cambios “servirán de guía para el próximo Gobierno”, y tratándose de la otra cara de la moneda, puede que así sea. Y es que, en otro tema importante, mientras PPSOE escenifican grandes controversias, se han puesto de acuerdo de nuevo, en la oscuridad, sin apenas ruido, en la modificación de la ley electoral –también están en el ajo, PNV y CiU-.

Lo que han hecho es blindarse para evitar que puedan entrar nuevos partidos en las futuras elecciones. Así, a partir de ahora, para cualquier partido nuevo o que no tenga representación actualmente en ninguna de las Cámaras, es obligatorio presentar la firma del 0,1% de los electores de su circunscripción y, además, tienen un plazo de 20 días para recoger las firmas. Es decir, que si alguien quiere presentarse a las elecciones, ha de hacer una campaña previa a la campaña electoral, en cada lugar donde quiera presentarse para recoger las firmas necesarias –y estas han de ser únicas-.

Con las firmas vas al notario, para que las avale. En fin, un trabajo y, sobre todo, un dinero -entre la recogida de firmas y el notario- que la mayoría de los partidos que se presentaron a las anteriores elecciones no tienen y que les excluirá.

Este es el panorama. Un gobierno moribundo que pergeña leyes malas y peligrosas –no les digo nada de la ley de Igualdad de Trato, que pone los pelos como auténticas escarpias-, y una oposición que se prepara para gobernar y que no hace ascos a aquello que le facilite su vida política, cuando eso suceda. Poco podemos esperar de ambos.

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Ellos a lo suyo

Penoso espectáculo el que nos ofrecen PPSOE en el final de esta desastrosa legislatura. Ambos pensando en sus intereses, en una guerra mediática insufrible, que nos lleva a la perplejidad ante su falta de sentido de estado.

Empecemos por el mayor responsable de nuestra situación actual, el que, probablemente, quedará como el peor presidente de la historia reciente de España: José Luis Rodríguez Zapatero. No estaba preparado para la función para la que lo designó su partido, y que después confirmaron los españoles. No lo estaba y cuando empezaron los problemas, ni los supo ver, ni afrontarlos; y las consecuencias de su incapacidad la sufriremos durante bastantes años.

Desde hace un año es un juguete roto, que no ha tenido el valor suficiente de convocar elecciones mucho antes –reconociendo el desastre- y evitar la pérdida del último año. Le ha faltado el valor digo, de enfrentarse a su propia responsabilidad y a su partido, que después de permitirle tomar decisiones económicas nefastas, sin ponerle coto, le ha dirigido en las decisiones que le convenía para afrontar las elecciones, dejándole públicamente como mentiroso o pusilánime: Zapatero pretendía unas primarias y se las negaron; quería agotar la legislatura, y tampoco le han dejado. Cierto es, que convive con la mentira con total naturalidad, y un día asegura una cosa que al día siguiente cambia por completo, y no sufre lo más mínimo.

Pues bien, ahora convocan elecciones para noviembre porque el candidato está atado de pies y manos, ya que todo lo que propone tiene una fácil contestación: estáis en el gobierno, hazlo. Así, podrá mentir con total libertad.

Respecto a Rubalcaba, rescatando de la hemeroteca una entrevista que le hizo Millás en El País en junio del 2010, decía:

-¿No aspira entonces a ser vicepresidente?

-Me hace mucha gracia cuando dicen eso. ¡Dios mío, volver a La Moncloa! Ya estuve allí y no quiero volver.

Firmeza en las convicciones, llamo yo a eso –o mentir alegremente-: en octubre paso a ser vicepresidente y portavoz, y ahora quiere ser presidente.

Leía el otro día en el blog El peso del Armiño, que los seguidores del PSOE eran como las mujeres maltratadas a las que el marido, tras pegarles, les pide perdón y les dice que va a cambiar, y ellas vuelven de nuevo, hasta el siguiente tortazo –evidentemente, sirve a la perfección para los del PP-. Es perfecto para explicar la candidatura de Rubalcaba. ¿Alguien en su sano juicio puede creerse que este señor representa una novedad, que traerá algo distinto de lo que ha hecho en los últimos años?

En cuanto al PP, que ha empezado a gobernar en comunidades y ayuntamientos, comienza a recortar –esto es inevitable, porque estamos arruinados- en cosas que predicaba –altos cargos y sus gastos superfluos-, pero cambiando de criterio en otras no menos importantes. Me refiero a las televisiones autonómicas, que nos cuestan a los españoles 1.800 millones al año y creciendo.

Cospedal, el día que nombra director de la Radio Televisión Castilla-La Mancha a un periodista absolutamente afín a su causa, nos dice que será la más imparcial y “menos costosa”. Imparcial, seguro que no, y menos costosa sería si la privatiza, si no, entrará al juego de todas, que es competir por la audiencia, y eso nunca es barato. Lo mismo podemos decir del resto, que los políticos no quieren soltar, porque es un mecanismo de propaganda perfecto.

No es de recibo que estén recortando gastos en sanidad o educación, mientras tiran el dinero en una televisión que, como sucede con la TPA Asturiana, se dedica a cubrir el mundial de Formula 1, haciéndole la competencia a una televisión que vive de la publicidad y, por tanto, de su audiencia.

Por cierto, en la campaña electoral, Cascos –que ya no es del PP- dijo que privatizaría la TV autonómica, aquí en Asturias; pues bien, ya es presidente, vigilando estoy.

Como tantas veces he dicho, PPSOE son dos caras de la misma moneda, con la misma ambición de poder, metidos en la misma espiral de gastos incontrolados en sus partidos, que toman decisiones pensando siempre en primer lugar en los suyos y, después, si pueden, en el resto de los ciudadanos.

Otra vez tendremos la oportunidad de sacarlos de la poltrona. Esperemos que así sea.

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AVE-nturas

Así como Estados Unidos sufrió la fiebre del oro, España estos últimos años ha sufrido la fiebre del AVE. Consistía en pensar que teniendo una línea de AVE que una tu tierra con Madrid, estaban solucionados todos los problemas.  Mientras tanto, muchas líneas necesarias, por ser la única forma de desplazarse entre algunas ciudades,  se mueren porque viajar en ellas es un viaje…en el tiempo.

Nuestros dirigentes, siempre con el sentido común por bandera, se han gastado ingentes cantidades de dinero en líneas que, como mínimo, suponían un enorme riesgo, por la previsible baja ocupación. En el proyecto de AVE a Asturias, entre los múltiples cambios, alguien con cabeza –este sí- pensó que la línea debería ser mixta de pasajeros y mercancías. Tener una buena red ferroviaria de transporte de mercancías sí que es muy necesario.

Renfe acaba de anunciar un cambio en su sistema de tarifas, que pasará a ser de precio por demanda. Aunque he leído por ahí, que esto abaratará los precios, lo que pienso es que las líneas menos demandadas, es decir, las que conllevaban más riesgo, serán cada vez más caras. De igual forma que si quieres viajar en avión desde un aeropuerto pequeño, el precio es económico si viajas a lugares donde va mucha gente, sino es carísimo.

Que las cosas sean así, en principio, no me parece mal. Pero mi pregunta es, ¿no podíamos haber gastado ese dinero en infraestructuras más necesarias? Quizá en mejorar líneas que, como digo, son muy antiguas.

Ayer nos enteramos de que Renfe cierra la línea de AVE entre Toledo y Albacete; nadie viaja en ella –a que les recuerda a algún aeropuerto-. Pues bien, en este caso creo que debemos agradecer que estemos en crisis, ya que si no fuera así, el gobierno autonómico de turno gastaría dinero público en mantener la línea abierta como fuera.

Está claro que esta línea de AVE y el aeropuerto de Ciudad Real –aquí se une el desastre de CCM-, nos muestra el enorme peligro que tiene la clase política en España cuando acumula mucho poder. En este caso, Bono, al que siempre se le muestra como un político serio y hombre de estado, se empeñó en dos obras faraónicas que nunca han funcionado, imposibles de mantener; y lo consiguió gracias a la influencia que tenía sobre el gobierno de Zapatero.

Parece que se van acabando las aventuras de los tiempos en que no importaba gastar, porque endeudarse no era un problema. Esperemos que la cordura obligatoria se quede entre nosotros.

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¿Adónde vamos?

Ya pasaron las elecciones del 22M y, como preveíamos, las peticiones de no votar a PPSOE no han tenido demasiada repercusión. Era muy difícil convencer a la mayoría de la población de que, para producir un cambio en nuestro sistema político, debían votar a partidos que habitualmente no reciben muchos votos -eso suponiendo que la mayoría de la población crea que necesitamos un cambio en el sistema-. Será muy complicado que la mayoría del voto salga de PPSOE.

A pesar de este hecho, el movimiento 15M sigue en pie, y las ganas de regenerar el sistema político también. Y mientras esto suceda, hay esperanzas de que el mensaje de regeneración siga calando en la población. Y digo en la población, porque la clase política –salvo los que vienen manteniendo este discurso desde antes del 15M- no tiene interés en escuchar; ha habido movimientos gatopardistas, es decir, cambiar todo para que nada cambie, pero no son creíbles y no van al fondo. La clase política nunca va a estar dispuesta a un cambio en la financiación de los partidos políticos que desmonte el enorme tinglado de intereses creado al calor del dinero público; a pesar de lo que digan con la boca pequeña, es muy complicado que acepten un cambio en la ley electoral que, evidentemente, les quitaría poder en las instituciones; y la separación de poderes, indispensable en una Democracia, para que sea real y eficaz, se ha de producir en origen, es decir, votación separada del presidente, los representantes de los ciudadanos y del poder judicial. Demasiada pérdida de poder para unos dirigentes acostumbrados a no pedir permiso a los ciudadanos cuando arreglan sus asuntos, que no los nuestros.

Ya dije que no me gustaba la deriva económica del movimiento 15M, y a día de hoy me parece más peligrosa. Impedir un desahucio o robar en un supermercado puede caer simpático, pero terminará perjudicando a gentes que no son culpables de nada; siempre ocurre así. Centrarse en los objetivos políticos es garantía de cambio muchas de las normas y leyes que afectan a nuestra vida diaria; saltarse la ley en base a la justicia, es un sinsentido en cualquier sistema político, por malo que sea.

Por otro lado, la clase política es trilera por naturaleza, y si atisban alguna manera de contentar al movimiento, sin hacer cambios profundos, lo intentarán. Cambiar la ley hipotecaría sería bueno; que se cambie porque hay una mayoría en el congreso que represente a los ciudadanos, que quieren ese cambio, es el verdadero objetivo.

La siguiente cita importante de este movimiento son las elecciones generales. Ahí hay que dar el do de pecho para conseguir mover el voto de la población desde PPSOE a otras opciones que ofrezcan la regeneración política. Pero mucho ojo, que, como decía, el trilerismo es su principal virtud, y veremos a PPSOE pedir regeneración y decir que comparten las intenciones del 15M.

Sólo el paso por la oposición de ambos les hará pensar realmente sobre la regeneración política; si siguen alternándose no cambiará nada. Por esto, sólo si los partidos minoritarios van sumando votos, y los votantes comienzan a confiar en ellos, se podrá producir un cambio sustancial en las mayorías en el Congreso.

En estos tiempos tan duros, donde para mucha gente su preocupación esencial es pagar las facturas, es difícil involucrarlos en aventuras políticas, saliéndose de la normalidad –bastante tienen-. Pero es esencial hacer pedagogía e intentar convencerles de que nos jugamos nuestro futuro.

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Todos a una, por fin

Este es nuestro objetivo, el que no debemos olvidar y del que no nos deben distraer. Tres puntos claros que tenemos que exigir:

1. Reforma de la Ley Electoral

2. Separación de poderes

3. Regeneración política

Además, es muy importante que a los medios de comunicación se les entreguen consignas fáciles y directas, para que no puedan tergiversar los objetivos de la protesta.

Hoy había desorientación en la clase política, y han pasado por todos los estados del ridículo en sus declaraciones; buena señal.

Necesitamos esos cambios en el sistema político y no debemos dejar pasar la oportunidad. Hagamos correr este manifiesto.

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No les votes

Desde el pasado 15 de mayo, en distintos puntos de España se están produciendo concentraciones para denunciar el desastre en el que se encuentra este país. Para denunciar, fundamentalmente, la actitud –que no aptitud- de una clase política que hace mucho tiempo que dejaron de ser los representantes de los ciudadanos.

Entre las diferentes ideas y propuestas que se expresan, hay dos con las que yo, lógicamente, me quedo: Democracia Real, Ya y No les votes. Ambas van al meollo de la cuestión, a la raíz del problema: un sistema político vergonzoso y quiénes son los causantes del mismo.

Como tantas veces he escrito en este blog, la clase política no tiene conexión con sus votantes y este alejamiento vacía de contenido el sistema político, porque para que la Democracia se pueda escribir con mayúsculas, el gobierno ha de contar con los ciudadanos. Por otra parte, esta situación es debida en gran parte a que los dos grandes partidos, PP y PSOE, se han convertido en dos organizaciones cuyo único objetivo es recolectar votos para repartirse después los beneficios del poder. Ambos han ido desmontando la Democracia hasta dejarla en el sistema político que padecemos ahora.

Por un lado, emociona ver a la gente en la calle exigiendo Democracia, pidiendo a la clase política -que rápidamente ha intentado ponerse al lado de las protestas- que haga las reformas necesarias para que nuestro sistema político salga de su indignidad. Pero por otra parte, temo que si este movimiento no consigue objetivos, el sistema se enroque todavía más, para evitar sustos de este tipo.

Creo imprescindible que este movimiento se mantenga firme en la petición de cambios en el sistema político para llegar a una Democracia. Si las reivindicaciones económicas –muy justificadas, sin duda- toman demasiado peso, fácilmente podemos encontrarnos que un cambio de gobierno que mejore la situación –cosa no muy complicada- nos deje como estamos.

Por lo dicho, el No les votes es una parte muy necesaria en el éxito de estos movimientos y, a la vez, muy complicada. Aunque las protestas están teniendo repercusión en los medios, estos, como es habitual, están enturbiando la información, volviendo al estúpido juego de si son de derechas o de izquierdas, si benefician al PSOE o al PP. Si el mensaje no llega claro a la población, si lo vuelven a presentar como parte de lo mismo, la mayoría de ciudadanos volverán a votar lo de siempre.

Ojalá sea definitivo este movimiento, el punto de ruptura que nos ponga en el camino de la Democracia. Ojalá, porque ese es el sueño que me animó hace ya seis años a abrir este modesto blog.

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Educación y sanidad

Llevo años diciendo que con nuestro sistema político y nuestra clase política –engendrada por este- sólo podemos ir al desastre. Que en estas circunstancias, haciendo las cosas mal, lo normal es que todo vaya a peor. Evidentemente, con grandes crecimientos del PIB, no se notan tanto las carencias. La verdadera prueba se produce cuando hay problemas graves que solucionar. Y aquí es donde hemos visto la capacidad y los intereses de nuestra clase política. Y por desgracia esto acaba de empezar.

Desde que se empezó a desarrollar el estado autonómico, hay dos temas que los gobiernos autonómicos debían cuidar por encima de cualquier otra competencia: la educación y la sanidad. El resto de competencias que han acaparado, sólo eran asumidas para darse importancia, para creerse cuasi estados –y para disponer de más presupuesto-. Pues bien, al final, esas competencias accesorias se han tragado el dinero de la sanidad y la educación.

Ahora, cuando los ingresos fallan, no tienen la decencia de devolver competencias que no necesitan, de admitir sus errores y pensar en los ciudadanos. No, lo que están haciendo es reducir progresivamente el dinero para educación y sanidad.

Se habla del copago como única solución a los problemas de financiación y, como sucedió con las pensiones, parece que los problemas económicos han aparecido de la noche a la mañana. Ni pensar en un mínimo de previsión que evitase cortes drásticos, ni, por supuesto, asumir la responsabilidad de esa falta de previsión.

Eso sí, como estamos a punto de urnas, lo niegan a la vez que recortan la calidad de las prestaciones de una u otra forma. En Cataluña se empiezan a hacer recortes en sanidad, echando al personal temporal y reduciendo servicios.

En Asturias, donde la clase política niega el copago, ha salido estos días en los medios el caso de una chica a la que se le ha negado el tratamiento de fecundación por estar soltera. Según cuenta, quienes le atendían le dijeron que tenían una “orden de arriba” de no hacer el tratamiento a mujeres solas. Esto, ciertamente, no es copago: si quiere el tratamiento se lo tendrá que pagar ella sola.

La desvergüenza de quienes han despilfarrado el dinero público es total y, pasadas las elecciones, nos empezarán a decir que el copago es imprescindible.

Nada solucionaremos si en las elecciones que vienen –sobre todo en las generales- seguimos alternando entre los dos partidos que se reparten el poder y que no tienen intención de que las cosas cambien –les va muy bien así-. Necesitamos un profundo cambio político y sólo lo pueden realizar quienes no están atrapados en la tiranía de los dos partidos que forman parte de nuestro fracasado sistema político.

Una vez más tenemos en nuestras manos la posibilidad de decir a la clase política que, si no miran por los intereses de todos los ciudadanos, los echaremos de sus cargos. Espero que así sea.

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Reuniones provechosas

El presidente se reúne con las grandes empresas. Normal, las pymes y los autónomos no lo van emplear cuando deje la presidencia. Por otro lado, a las empresas les encanta tener un alma en pena en La Moncloa para que haga lo que más les conviene.

Ejemplo práctico. En la reunión con el presidente han vuelto a salir dos conceptos preocupantes –para nuestro bolsillo, claro-: “coste real de la energía” y “déficit tarifario”. Agárrense los machos que nos van a seguir dando.

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Inutilizar las instituciones

Muchas veces he dicho que la semilla de Democracia que sembramos los españoles en 1978 se la ha cargado la clase política con su ambición en los últimos 30 años. Aunque parezca una afirmación excesiva, sólo hay que detenerse en los hechos, en cómo funciona nuestro sistema político actualmente, para admitir la evidencia de que las cosas se han hecho muy mal, y no creo que por casualidad.

Desde todos los niveles del poder político, desde La Moncloa a los ayuntamientos, se ha intentado por todos los medios –con bastante éxito, por desgracia- politizar las instituciones y las herramientas de control que el sistema tenía diseñadas. De esta manera han conseguido dos efectos perversos, por un lado controlar el funcionamiento de esas instituciones o herramientas para que no les estorben en sus decisiones arbitrarias, y además, aunque no sé si lo buscaban, inutilizarlas, transformarlas en inservibles.

A diario nos encontramos con casos donde instituciones que debieran ser independientes le hacen favores a uno u otro partido, dependiendo de que la mayoría de sus miembros sean del PP o PSOE –evidentemente, son estos dos quienes copan la mayoría de los representantes-. Los más conocidos son la Fiscalía del Estado –que desde el Pollo del Pinar pasó a ser del gobierno-, el Tribunal Supremo o el Constitucional, pero, como decía, los hay en todos los niveles de la administración.

¿Por qué las autonomías insiste en duplicar instituciones que hacen su función desde la administración central? Después se quejan de que asumen tareas por las que no reciben suficiente dinero. Pues bien, la respuesta es sencilla: para controlarlas.

En Asturias estamos viviendo estos días una polémica por el mal funcionamiento de la Sindicatura de Cuentas, que viene a ser el Tribunal de Cuentas a nivel autonómico. El problema es que el nombramiento de los síndicos se realizó a dedazo por los dos partidos –los de antes, los culpables del deterioro del que hablo-, que rápidamente se ponen de acuerdo a la hora de repartirse los cargos, y acercándose las elecciones se empieza a utilizar la influencia sobre ellos. Ambos partidos tienen cosas que tapar, y la disputa, como siempre, se pierde en si lo tuyo es más grave que lo mío, y si lo mío debería investigarse después de lo tuyo. Al final, lo grave, las cuentas poco claras con el dinero de todos, quedarán sin esclarecer.

Qué decir de las comisiones de investigación, una herramienta fundamental con la que los parlamentos deberían controlar la acción de gobierno, que nuestros próceres, con unos reglamentos nefastos, han convertido en inservibles. Hasta tal punto que, ellos mismos, con una caradura indignante, llegan a decir que no las permiten porque no sirven para nada. Claro, si la comisión la forma y la preside el partido que gobierna cómo va a esclarecer algo.

Si queremos tener una Democracia en España, deberemos realizar una poda agresiva sobre lo que tenemos actualmente, y cuidar el resultado con lo que hemos aprendido durante estos años. Básicamente: olvidarnos de la interesada idea de trasladar los resultados de las elecciones a los sistemas de control.

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Otro paso atrás

Una de las razones por las que sabía que Zapatero aguantaría en el poder contra viento y marea, era porque tenía que pagar el favor a los “artistas” con la Ley Sinde.

Dejo aquí la intervención de Rosa Díez en el congreso, porque, como he dicho otras veces, es de los pocos políticos que dicen en el parlamento lo que muchos ciudadanos piensan, claramente.

Como se ha explicado sobradamente, esta cosa que han perpetrado no va a servir para el fin que dicen perseguir, por lo que se convertirá en un instrumento más del estado para la arbitrariedad, de los que ya estamos sobrados en España.

Todo esto tiene sólo una cosa buena, y es que Zapatero tiene una razón menos para quedarse en La Moncloa.

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