Subscríbete a
Entradas
Comentarios

Esto se acaba

Toda Democracia tiene una ley máxima. Un marco legal que debe acoger al resto de leyes, que debe limitar y ahormar el resto de legislación. Para que esto se pueda llevar a cabo, debe haber un máximo tribunal que dictamina si las leyes que desarrolla el Legislativo entran en ese marco legal superior. Ese órgano superior en España es el Tribunal Constitucional.

Nuestro Tribunal Constitucional ha sido desprestigiado constantemente por la clase política, que nunca ha querido darle la independencia necesaria para que sus dictámenes fueran ajustados a nuestra Carta Magna, en lugar de a los intereses de los legisladores.

Pues bien, después del continuo maltrato de esta institución, tras haber acabado con el espíritu que la alentaba, ahora la van a enterar; precisando: ya está en la huesa y asistiremos a la ceremonia en la que cada partido político va echando paladas de tierra.

No es necesario que termine su sentencia sobre el Estatuto Catalán –si alguna vez la da-, de facto, el Tribunal Constitucional va a perder su “jurisdicción en todo el territorio español”, y su competencia para el “recurso de inconstitucionalidad contra leyes”. Y esto, se mire como se mire, es la escenificación por parte de la clase política del fin de nuestra democracia.

Muchos de estos problemas se hubieran evitado si, como estaba previsto en nuestro sistema político, el que parimos en el 75, existiese el recurso previo de inconstitucionalidad. Este mecanismo evitaba la puesta en funcionamiento de una ley, hasta que el Constitucional se pronunciara sobre ella. Pero se lo cargaron, estorbaba demasiado –igual que estorban los Consejos Consultivos, a los que cada vez se les hace menos caso-.

Aunque yo tengo claro que nuestro sistema político no es una Democracia desde hace tiempo, la gente que vive de la política, siempre ha querido mantener las formas –que quizá es importante-, aparentar que seguíamos gobernados bajo ese sistema político. Pero en este episodio del Estatuto, lo que se está pidiendo es que el Constitucional no se meta en lo que deciden los legisladores. Es decir, que no ejerza cuando no les conviene.

Sé que la caradura de los padres de la patria es inabarcable, y que perfectamente nos intentarán contar que el Tribunal Constitucional es mejor si se adapta a lo que piensan los ciudadanos -¿qué ciudadanos?-, pero no, el TC sólo debe ajustarse a la letra de la Constitución, esa es su función y su deber. Lo demás, lo dicho, intentar colar como Democracia nuestro engendro político.

Si todo esto sirviera para que por fin, en España, nos enteremos –los ciudadanos- de que nos han robado la Democracia, y que debemos realizar una segunda transición, algo bueno tendría. Pero no será de esta; o sí.

Esperanza de Nobel

Desconozco si en la concesión de un Premio Nobel se ha producido alguna vez una rectificación, pero los señores de la Academia Sueca tienen una ocasión perfecta para sentar precedente.

Si después de que Estados Unidos se haya negado a firmar el tratado internacional de prohibición de minas antipersonal, siguen pensando que Obama es la esperanza de paz para este mundo –el Nobel se supone que era por ser esperanza de algo, y realidad de nada-, es que han dejado de pensar.

Dejen el premio desierto, que la cosa está muy mal.

Aminatou Haidar

Parece que la salud de Aminatou Haidar es precaria; lo era antes de empezar la huelga de hambre y lo será mucho más en pocos días. El gobierno de España ha de tomar una decisión cuanto antes, no digo yo que haga lo correcto –a Marruecos se le tiene mucho miedo desde la marcha verde-, pero al menos que no deje pasar el tiempo, por si acaso no pasa nada malo.

Marruecos se ha saltado todas las leyes y derechos internacionales en este caso –como es su práctica habitual con los saharauis-, reteniéndole el pasaporte y expulsando ilegalmente a una persona que no ha cometido ningún delito, y sobre la que no pesa cargo alguno. Pero Marruecos es lo que es y da para lo que da, y tampoco podemos pedir a un régimen así que respete los Derechos Humanos.

Mejor dicho, no podemos esperar que los cumpla, pero España debería pedirle que lo haga, en lugar de compincharse con él para evitarle problemas con los defensores de los derechos del pueblo saharaui. Todavía más, cuando Marruecos está efectuando una escalada evidente en la agresión contra el pueblo saharaui, con detenciones masivas. Un pueblo, no lo olvidemos, que tiene reconocido por Naciones Unidas su derecho a celebrar un referéndum de autodeterminación, que Marruecos retrasa hasta que las condiciones para hacerlo le sean favorables.

Moratinos se indigna, y dice que él siempre ha luchado en favor de los derechos de los saharauis. Ayer escuchaba a Tomás Bárbulo, periodista que ha investigado sobre el Sáhara desde el abandono de España, que decía extrañado que en los años que llevaba interesado sobre los problemas de los saharauis, no tenía constancia de la lucha de Moratinos. En fin, es el problema de este gobierno, que confunde siempre los deseos con los hechos.

Aunque no espero que España pida a Marruecos explicaciones de por qué le ha retirado el pasaporte a alguien sin motivos, ojalá Aminatou Haidar pueda volver al Sahara con su familia, y pueda llevar una vida tranquila, como defensora de los derechos del pueblo saharaui. Ojalá.

La fase del tuerto

Nuestro gobierno está en estos momentos en lo que podemos llamar la fase del tuerto, es decir, que parece que los ha mirado un tuerto. No dan una, todo son meteduras de pata y talmente parece que en lugar de ser un gobierno con 6 años de experiencia, acabasen de aterrizar. Ahora, para colmo de desgracias, les saca los colores Aminatou Haidar, activista saharaui con una extensa trayectoria de lucha por los derechos de su pueblo.

La verdad es que el pueblo saharaui debe sentir mucha pena por el papel de España en su lucha con Marruecos. Desde que acabó la dictadura, los sucesivos gobiernos paulatinamente se han ido desentendiendo del problema, para evitar conflictos con Marruecos, que bien podría montar un buen lío en Ceuta y Melilla.

Hasta aquí mal, pero lo de ahora es alucinante. Que el gobierno se preste a este contubernio con Marruecos para que no le moleste una persona que defiende pacíficamente sus derechos, es excesivo. Deben ser de nuevo los daños colaterales de la Alianza de Civilizaciones, que impide molestar a ninguno de los socios –que son lo peorcito en lo que a Derechos Humanos se refiere-.

En fin, sólo podemos esperar que se vayan resolviendo los distintos problemas lo mejor posible, aunque poca esperanza nos va quedando, y que no surjan muchos más. A Zapatero debe producirle auténtico terror el sonido del despertador cada mañana –y la presidencia europea acercándose-. ¡Ay, qué sin vivir!

Es la práctica habitual

No sé si el señor López Garrido habrá cometido un delito o no, aunque no lo creo, en lo que conozco la vida pública de este señor –un profesional de la política, que se las sabe todas-, pero en cualquier caso, no deja de asombrarme la desvergüenza con la que la clase política en España maneja los asuntos públicos, o lo que es lo mismo, el dinero de los ciudadanos.

Se dan dos hechos en este caso en cuestión, de esos que podríamos llamar “typical spanish”. En primer lugar, este señor está en una organización (Fundación Alternativas) y al momento de renunciar como patrono de la misma, pasa a ser encargado de dar subvenciones a ese tipo de organizaciones, y claro, cosas de la vida, a esa fundación le caen subvenciones. Un caso parecido al de la Sinde.

¿A alguien le parece normal ser un miembro destacado de una organización y, al día siguiente, darle dinero público –a dedazo- desde un cargo político –a dedazo también-? Pues a ellos sí; a nuestros políticos les parece normal, porque todo lo hacen por nuestro bien.

Con ser esto increíble, con lo que tiene de esperpento que los cargos públicos suelten dinero de todos los ciudadanos a sus amigos, la segunda parte todavía me parece más vergonzosa.

El invento de las fundaciones, ese instrumento que están utilizando los partidos políticos para obtener aun más fondos públicos de los que ya tienen. No contentos con el dineral que se llevan directamente de los presupuestos, montan una fundación y con ella optan a subvenciones del estado. Sí, como lo oyen, ellos mismos desde el poder se dan subvenciones.

Una simple búsqueda en el BOE nos indica como el señor Garrido, sin ir más lejos, le soltó 10.000€ a la Fundación Pablo Iglesias (BOE de 14/05/2009) o como convocan “subvenciones para fundaciones y asociaciones dependientes de partidos políticos con representación estatal”; sin rubor alguno, ¡para qué! –no debería haber realizado este ejercicio, porque resulta lacerante ver la cantidad de dinero público que se va a financiar todo tipo de iniciativas imaginativas-. Y es que, como decía aquel, “detrás de una subvención, siempre hay una corrupción”; bueno, quizá no siempre, pero casi.

A cuenta de los casos de corrupción que están brotando por diferentes partes de nuestra geografía, alguien proponía que se destierre el “dedo” de los contratos con las administraciones públicas, pero es que en las subvenciones, sobre todo si son jugosas, el sistema dactilar todavía es mucho más evidente, y vergonzoso.

Y en cuanto a que estén o no dentro de la legalidad todas estas acciones, incluida la de López Garrido, como entenderán, me trae sin cuidado –si le puede dar dinero a la Fundación Pablo Iglesias, porque va a ser delito dársela a la otra-. Muy tontos tendrían que ser, para llevar 30 años haciendo las leyes a la medida de sus necesidades, y que encima se las salten -bien, a veces lo hacen, pero es que no les da tiempo a practicar los ajustes legales, porque la avaricia empuja mucho-.

El problema no es que sean ilegales las subvenciones, el verdadero problema es que nuestra clase política se crea con el derecho de dar dinero a sus chiringuitos, que no les produzca la más mínima vergüenza coger dinero público para dáselo a sus amigos. El problema, el gravísimo problema es que nuestra clase política cree que esto es la Democracia.

Unas elecciones no hacen Democracia

La misión de la OTAN en Afganistán está siendo un desastre, un marrón que Bush le dejó a Obama y a todos los que allí estamos. No sólo no se consigue pacificar el país, sino que estamos creando una situación similar a la de Irak, y cuando Estados Unidos decida irse –y todos detrás-, sólo quedará el caos.

La idea de preparar un ejército afgano en un plazo más bien corto –para el 2013- no parece posible, por mucho que los políticos lo repitan. Además, habría que preguntarse qué es lo que va defender ese ejército, porque lo que sigue habiendo en ese país es un sistema corrupto, que mantiene los privilegios para unos pocos mientras el resto de la población malvive –sobre todo si son mujeres-.

El último acontecimiento lamentable que nos viene de allí, es el desenlace de las elecciones que se han celebrado recientemente: Karzai será presidente sin realizarse una segunda vuelta. Después de obligar a este personaje a que repitiese las elecciones, debido al enorme fraude que se había producido en todo el país, su oponente político, Abdulá Abdulá, no se presenta –porque no le apetece perder el tiempo- y sale elegido Karzai. Como digo, este personaje, que ha intentado –y conseguido- ganar fraudulentamente las elecciones, volverá a ser presidente.

Los mandatarios de los países metidos en ese fregado, se empeñaron en que celebrar elecciones era sinónimo de Democracia, ¿y ahora con estas elecciones ridículas, qué tenemos allí? Para esto fuimos a vigilar el proceso electoral, para dejar que todo siga igual…de mal.

Esperemos que Obama sea sensato y decida pronto terminar con esa guerra que no produce ningún fruto positivo –como casi todas-. De eso dependemos, porque el resto de países sólo obedecerán.

Rezuma la podredumbre

Se acabó el dinero. Las arcas están vacías. Ni Ayuntamientos, ni Comunidades tienen fondos para abastecer a las mafias creadas a su alrededor. Y todo se derrumba. Quienes forman parte de estos entramados están por dinero, claro; dinero público que manaba de las instituciones. No hay parné, se rompe la baraja.

En los 30 años que han pasado desde que estrenamos Democracia, los partidos políticos –fundamentalmente PSOE y PP- han ido desmontando todos los controles que les estorbaban para poder organizar un estado clientelar, en el que lucrarse, y poder lucrar a quienes, o bien son amigos, o bien necesitan. En los últimos años, cuando el dinero corría a raudales por cuenta de la construcción, estas redes clientelares se han intensificado, hasta el punto de que en cada Ayuntamiento y Comunidad de este país tenemos ejemplos de contratos concedidos irregularmente, asesores de altos cargos con sueldos inmerecidos, o empresas que invariablemente son beneficiadas por el poder. Por supuesto, me refiero a casos que los ciudadanos conocemos –sobre todo a nivel de Ayuntamiento-, no que hayan sido destapados por la Justicia.

Pero ahora la fiesta se ha acabado, porque ya no hay dinero que repartir. Y los casos de corrupción afloran imparables, sin que los poderes públicos pasen más allá de una condena meramente formal, ni tengan intención de atacar la raíz del problema: un sistema político donde no hay responsables políticos.

En todos los casos de corrupción, desde los tiempos de González, el patrón que sigue la clase política es el mismo, negando primero los hechos, admitiendo posteriormente una pequeña parte, y dejando, al final, que la Justicia sea la que dictamine. La Justicia, la pobre –hablando de España, no es sólo retórica-, hace lo que puede, y tras interminables procesos repletos de obstáculos, casi nunca llegan a nada. Sin ir más lejos, hace unos días nos desayunamos con la intención de Los Albertos de demandar al Estado; así estamos.

Esta inmensa podredumbre en la que está sumido el sistema, puede traer algo peor, y es que en muchos lugares, para evitar que salgan a la luz las prácticas caciquiles, destinen el poco dinero disponible a seguir manteniendo las redes clientelares, en lugar de a los servicios básicos que necesitan los ciudadanos.

El remedio es claro, rehacer el sistema político, una segunda transición que nos lleve a una Democracia, en el peor de los casos, como la que estrenamos en el 78. Pero son tiempos difíciles, la clase política –más improductiva que nunca- estará muy presionada por sus compañeros de viaje de los últimos años, “paga o canto”.

Me sumo a esta iniciativa que se ha organizado en Internet al conocer los planes de futuro de nuestro gobierno respecto a la Ciencia. Sobre todo, porque espero que un número importante de ciudadanos nos unamos para demandar al gobierno algo que interesa a este país. Porque creo que es indispensable que aprendamos a unirnos para demandar a la clase política lo que habitualmente se niegan a darnos.

En cuanto a los resultados que se puedan obtener, soy pesimista. Como ya sabéis, creo que España necesita un cambio profundo en su sistema político para que podamos conseguir que los intereses de la clase política se acerquen a los de los ciudadanos –no aspiro a que sean iguales-. La causa del recorte en I+D no es ni más ni menos que electoralista, por lo que si se modifica, será con el mismo criterio, en ningún caso para sentar las bases de un futuro sólido.

Se recorta I+D porque no se quiere recortar en montones de dineros que salen del estado con el único fin de comprar voluntades. Entonces, como los científicos en España son pocos y no dan guerra, pues a ellos se les quita el dinero. Triste, pero evidente.

En cualquier caso, No al recorte, y ojala aprendamos a unirnos para exigir lo que este país necesita con urgencia.

Benditos ilusos

”El Plan de Economía Sostenible del Gobierno no puede llevarse a efecto con éxito sin contar con una sólida base científica”.

Resulta asombroso pensar que personas solventes intelectualmente hablando, con trayectorias impresionantes en el campo de la investigación, den la más mínima credibilidad a lo que dicen nuestros políticos. Pero, ¿realmente se habían creído que Zapatero tenía un plan de economía sostenible? ¿No vieron el debate en el Congreso en el que el presidente, con sus mejores habilidades de prestidigitador, se saco de la manga lo del cambio de sistema productivo?

Quizá el problema sea este, que la gente seria de este país todavía piense que con este sistema político y con esta clase política, llegaremos algún día a ser un país equiparable a nuestros vecinos europeos.

¡Espabilen señores, que el tiempo pasa! Si no hacemos una segunda transición, si no sentamos las bases de una Democracia seria, nunca pasaremos de ser los maulas de la comunidad europea.

Oportunidades perdidas

Leía en algún sitio hace poco, que la clase política tiene miedo a Internet, entre otras razones, porque Internet tiene memoria, y todo lo que se dice, se puede volver a recuperar.

Y encontraba en esa memoria colectiva un artículo de Julio Anguita, del año 1999, donde proponía una serie de cambios para nuestro sistema político, muy necesarios entonces, y absolutamente indispensables hoy. Nada de lo que proponía Anguita se ha tocado -para bien-, al contrario, han dejado que se pudra un poco más.

Y uno de los asuntos que pedía reformar, que ahora está en los medios –aunque se producen casos continuamente-, es el del transfuguismo. Todas las reformas legales que Anguita sugería se evitaron y los partidos, para ahondar en su desvergüenza, se conformaron con un acuerdo que incumplen con total naturalidad.

El resto de propuestas, como digo, las necesitaba nuestro sistema político para seguir manteniendo con cierta dignidad el título de Democracia. Desde la reforma en la elección de los órganos de gobierno de instituciones clave, como el Consejo General del Poder Judicial, hasta la reforma de la inmunidad parlamentaria, para que no sea un blindaje contra la Justicia.

En cambio, hoy estamos esperando las sentencias de un Tribunal Constitucional absolutamente politizado, que no se producen porque no interesa a quien gobierna, con sus miembros prolongando vergonzosamente sus mandatos. O con políticos escondiéndose en sus cargos, para entorpecer claramente las investigaciones de sus chanchullos.

Pobre Anguita, y pobres nosotros. Como tantos que intentaron que España llegara a ser un país equiparable al resto de nuestros vecinos europeos, fracasó.

Tristemente, en su momento de Anguita se solían hacer gracietas, porque resultaba demasiado didáctico. Ahora tenemos lo que nos merecemos, una clase política que gobierna a ritmo de encuestas, que sólo les interesa el poder, y que no tienen el más mínimo sentido de estado: no les preocupa si sus decisiones tienen consecuencias nefastas para la mayoría de los ciudadanos.

La democracia en España ya es la cáscara vacía que Anguita temía, y los ciudadanos han vuelto al mismo sentimiento político que se tenía en la dictadura: descreimiento total hacia la clase política, con la convicción de que nada podemos hacer para cambiar las cosas.

En la memoria de Internet quedará como hemos ido perdiendo oportunidades para reflotar nuestro sistema político, como una clase política ávida de poder y riqueza, destrozó la ilusión de un país. Sólo esperemos que alguna vez se haga realidad aquella sentencia de Fernando Fernán Gómez: “Ahora podemos vivir sin brujos, dentro de unos años sabremos hacerlo sin políticos.”.

« Prev - Next »