Esto se acaba
26 Noviembre 2009, escrito por ipit
Toda Democracia tiene una ley máxima. Un marco legal que debe acoger al resto de leyes, que debe limitar y ahormar el resto de legislación. Para que esto se pueda llevar a cabo, debe haber un máximo tribunal que dictamina si las leyes que desarrolla el Legislativo entran en ese marco legal superior. Ese órgano superior en España es el Tribunal Constitucional.
Nuestro Tribunal Constitucional ha sido desprestigiado constantemente por la clase política, que nunca ha querido darle la independencia necesaria para que sus dictámenes fueran ajustados a nuestra Carta Magna, en lugar de a los intereses de los legisladores.
Pues bien, después del continuo maltrato de esta institución, tras haber acabado con el espíritu que la alentaba, ahora la van a enterar; precisando: ya está en la huesa y asistiremos a la ceremonia en la que cada partido político va echando paladas de tierra.
No es necesario que termine su sentencia sobre el Estatuto Catalán –si alguna vez la da-, de facto, el Tribunal Constitucional va a perder su “jurisdicción en todo el territorio español”, y su competencia para el “recurso de inconstitucionalidad contra leyes”. Y esto, se mire como se mire, es la escenificación por parte de la clase política del fin de nuestra democracia.
Muchos de estos problemas se hubieran evitado si, como estaba previsto en nuestro sistema político, el que parimos en el 75, existiese el recurso previo de inconstitucionalidad. Este mecanismo evitaba la puesta en funcionamiento de una ley, hasta que el Constitucional se pronunciara sobre ella. Pero se lo cargaron, estorbaba demasiado –igual que estorban los Consejos Consultivos, a los que cada vez se les hace menos caso-.
Aunque yo tengo claro que nuestro sistema político no es una Democracia desde hace tiempo, la gente que vive de la política, siempre ha querido mantener las formas –que quizá es importante-, aparentar que seguíamos gobernados bajo ese sistema político. Pero en este episodio del Estatuto, lo que se está pidiendo es que el Constitucional no se meta en lo que deciden los legisladores. Es decir, que no ejerza cuando no les conviene.
Sé que la caradura de los padres de la patria es inabarcable, y que perfectamente nos intentarán contar que el Tribunal Constitucional es mejor si se adapta a lo que piensan los ciudadanos -¿qué ciudadanos?-, pero no, el TC sólo debe ajustarse a la letra de la Constitución, esa es su función y su deber. Lo demás, lo dicho, intentar colar como Democracia nuestro engendro político.
Si todo esto sirviera para que por fin, en España, nos enteremos –los ciudadanos- de que nos han robado la Democracia, y que debemos realizar una segunda transición, algo bueno tendría. Pero no será de esta; o sí.







