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2008

Otro año más viendo el mundo que me rodea desde este rincón. Otro año intentando comprender por qué nos complicamos tanto la vida, y sobre todo, por qué todos los avances de nuestras sociedades, esos que deberían ayudarnos a vivir mejor, son nuestras cruces cotidianas, desde el móvil hasta nuestra organización política.

En fin, simplemente agradeceros vuestra compañía, y desearos que este 2008 sea el mejor año de vuestra historia.

No es promesa electoral

Mira por donde el PP tiene la posibilidad de hacer algo que quiere la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país y, además, no sería la típica promesa electoral, sino algo concreto y claro.

Hablo de la LISI, la ley que incluye el canon a todo lo que se mueve para que mantenga el nivel de vida la gente de la SGAE. En el senado, el PP votó a favor de que se elimine el canon. No sabemos realmente si por error o no. Rajoy ahora dice que le parece bien que se elimine.

Bien, ahora tiene una oportunidad de oro: votar la semana que viene en el Congreso a favor de que se elimine el canon. Si fuera así, muchos ciudadanos estaríamos agradecidos, primero, de que alguna vez nos escuchen desde el poder, y segundo, de que alguien le diga no a la SGAE.

Regalar

Confieso que las fiestas de Navidad me entristecen más que me alegran. O mejor dicho: las semanas y días que anteceden a ellas, cuando veo a la gente invadir los comercios a la búsqueda febril de los regalos apetecidos. No es mi intención aguar la fiesta a nadie ni mucho menos espero que quien por azar me leyera comparta mi estado de ánimo o punto de vista, que es sin duda muy personal y subjetivo, y ya, por ello, con escasas posibilidades de convencer a mucha gente. Y mucho menos pretendo con estas reflexiones críticas dar lecciones de moral a nadie, una actitud que la conciencia de mis propios defectos, debilidades y contradicciones sin fin me prohíbe de antemano.

(…)Con la mejor intención y voluntad, la gente está cayendo en la trampa de creer que la máxima expresión del amor a los seres queridos es la de regalarles el mayor número posible de artículos y objetos materiales y, encima, cuanto más caros, mejor. Yo pienso, al contrario, que los regalos más valiosos son de carácter inmaterial y no pueden encontrarse en ninguna tienda, sino únicamente en nuestro Corazón.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 7-13 de Diciembre de 2007. nº 347.

Humo gris

Asistimos estos días a uno de tantos debates artificiales de nuestro sistema político, sobre si se ha de retirar la resolución que autorizaba el diálogo con los terroristas para conseguir la paz. Los medios entran al trapo, porque ¿qué van a hacer? Los políticos se escupen –dialécticamente, claro- porque unos dicen que se retire y otros que no.

Triste, muy triste. Se trata de armar jaleo para escenificar lo diferentes que son unos de otros, para que los ciudadanos nos posicionemos en un bando o en otro, que a ese trapo si que entramos ciegos los españoles. Yo de estos, tú de los otros, y a discutir por discutir.

A ver, ¿alguien se cree que el señor Zapatero, con resolución o sin ella en el parlamento, tendría algún pudor en volver a negociar con ETA si lo cree conveniente? Más aún, ¿aseguraría nadie que si gana Rajoy, con la ínclita resolución retirada, no hablaría con los terroristas si se le presenta la ocasión?

Por cierto, veo por mi párrafo anterior, y por el nefasto sistema electoral que padecemos, que hablo de si gana Rajoy o Zapatero, cuando en España votamos listas no personas. Pero, como he dicho otras veces, en la confusión es donde nuestros próceres están a gusto.

Pues bien, como comentaba, son debates artificiales, nubes de humo grisáceo que tapan la realidad, que casi nunca conocemos porque ni la clase política –en vísperas de elecciones, y más que nunca, improductiva-, ni los medios, tienen ningún interés en mostrarnos. No sea que nos cabreemos de verdad.

No pueden arreglar lo que estropearon

La clase política de este país, a quienes encargamos la tarea de arreglar nuestros problemas, no está por la labor de solucionar el caos de la vivienda. Ahora tocan los caramelos electorales, pero cambiar las causas que provocaron la situación actual, es pedirles demasiado.

Desde La Plataforma Por Una Vivienda Digna, nos cuentan que estuvieron reunidos con el área económica del PSOE, que escucharon atentamente sus propuestas, para más tarde tirarlas a la basura. Y además, ver para creer, que han aprobado la nueva Ley Hipotecaria con el apoyo del PP y por trámite de urgencia. Curiosamente, a ninguno de los dos partidos les ha interesado que se sepa que coinciden en ciertos temas.

El problema fundamental es que la ley no trata de resolver el problema de la vivienda, sino de quedar bien con los ciudadanos sin molestar demasiado a los bancos. Y este es el intríngulis de la cuestión.

Nuestros partidos políticos deben a los bancos más de 60 millones de euros, deuda que no tienen intención de pagar y que aumenta cada año. Y se preguntarán ustedes, “¿y los bancos no les exigen el pago, como a mí?”. Pues no, y mientras los bancos no pidan el dinero que les deben los partidos políticos, estos nunca harán nada que les moleste. Evidentemente, en medio estamos nosotros, los que realmente pagamos, de forma indirecta, esa deuda.

No me cansaré de decirlo: esta situación sólo cambiará si nosotros lo queremos. No tenemos muchas herramientas para conseguirlo, aparte de protestar, pero algo podemos hacer en las próximas elecciones, no votar al PSOE ni al PP. Imaginan que sucedería ante una grave pérdida de escaños de estos dos partidos, cuando los bancos se dieran cuenta de que la asignación económica que les iba a tocar se reduciría considerablemente, y que tampoco tendrían el poder para pagarles en “especie”.

Lo que daría por presenciar algo así.

La autoridad competente

Resuena de los tiempos de la dictadura esta frase oscura, que mete miedo e inseguridad a la ciudadanía porque no sabe uno a qué atenerse.

Pues “la autoridad competente” podrá cerrar webs en este país a partir de que entre en vigor la ley que ha pergeñado nuestro querido gobierno, la LISI. Eso que la pobre Constitución –de cumpleaños hoy- dice que sólo puede hacerlo un juez, estos cafres han decidido que lo harán quienes quieran ellos. Y a la Constitución que le den –como tantas otras veces-.

Un golpe más para el derribo de este endeble edificio mal llamado sistema democrático.

Bombillas de mentiras

Tantas como las bombillas que llenarán nuestras ciudades este último mes del año, son las mentiras que salen de la boca de nuestra clase política. Y ahora que está de moda el cambio climático, las falsedades abundan sobre este tema.

Diariamente, campañas de publicidad institucionales nos dicen que hemos de ahorrar energía en nuestra vida privada –cosa que no me parece mal, conste-, que si no lo hacemos será culpa nuestra el cambio climático. Diariamente, quienes ostentan el poder, vendiendo sus elixires milagrosos, nos cuentan lo preocupados que están sobre este tema.

Al final vienen los resultados: España emite más CO2 que la media europea –y subiendo-, y, el motivo de este comentario, las bombillitas de Navidad se encienden un mes antes de las fiestas.

¿Serían estos los efectos producidos por alguien realmente preocupado por el cambio climático? No. En este, como en tantos otros temas, se suman a la moda porque sus asesores de imagen les aconsejan que lo hagan.

Si quieren que los ciudadanos de este país se conciencien sobre este tema, hubiera sido una medida perfecta encender la iluminación navideña cuando comiencen las fiestas.

Nadie les explicó que la mejor forma de educar es con el ejemplo.

Redes

Se cargan Redes. Los gestores de la TV pública, esa que en los anuncios dicen que es la de todos –cuanto cinismo-, han decidido que el único programa de ciencia en toda la parrilla, al que por cierto, fastidiaban constantemente colocándolo en horarios intempestivos, desaparece. Pondrán una mierda como el de Telecinco, o no pondrán nada, para qué, si nosotros lo que tenemos que hacer es atender a los científicos del resto de Europa cuando vienen de vacaciones.

Siempre somos culpables

Sabemos de sobra que nuestra clase política tiene una imposibilidad metafísica para asumir responsabilidades, cuando las cosas van mal, claro. Pero creo que esta realidad está empeorando con la circunstancia especial de que en los últimos años, no solo se niegan a admitir que han metido la pata en su gestión, sino que nos echan la culpa a nosotros, los paganos.

Un ejemplo de esto es el problema del agua. En España, el 20% del agua transportada por las distintas canalizaciones se pierde; esto es responsabilidad directa de quien gestiona estas infraestructuras. Pero además, hagamos un poco de historia.

La que ahora es Ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, en los gobiernos de Felipe González elaboró un plan hidrológico, que no puso en marcha. Llegado Aznar al gobierno, lo primero que hizo, por supuesto, es parar dicho plan, para elaborar uno muy parecido, que tampoco llegó a entrar en funcionamiento. Pues bien, con la Narbona otra vez a cargo de esa responsabilidad, esta vez con Zapatero, vuelve a parar el plan hidrológico –que como decimos, era prácticamente igual al que ella elaboró en los 90- e inventa un nuevo plan, basado en las desaladoras, que prácticamente no se ha desarrollado cuando están a punto de acabar los cuatro años de legislatura. Quizá porque los grupos ecologistas le han dicho a la ministra que planifique más –necesidades de agua y coste de producción con este tipo de plantas-, antes de cargarse el litoral poniendo plantas desaladoras. Temo que este invento mal diseñado, nos costará mucho dinero, echará a perder zonas protegidas y no solucionará el problema.

A pesar de lo visto, toda la publicidad que emana de los distintos poderes nos viene a decir, que si este país sufre sequía es porque derrochamos agua diariamente –de las inundaciones todavía no nos culpan-. Cuando sólo un 15% del total del agua se destina al consumo doméstico. Por supuesto, ni palabra sobre desmanes urbanísticos varios.

Lo importante de este cúmulo de incompetencia de todos los que han sido responsables del tema del agua, es que casi estamos en el 2008 y se ha hecho muy poco. Así, hasta que un día nos pille el toro, y se tenga que hacer todo deprisa y mal, como siempre.

Hasta ese momento, seguirán echándonos la culpa a nosotros, entre otras razones, para poder exhibir su enorme caradura, y un buen día decirnos, que ya nos advirtieron de que teníamos que gastar menos agua. Entonces, boquiabiertos, pensaremos una vez más: ¿Por qué les permitimos que nos hagan esto?

El orden del desorden

El orden imperante en el plane­ta es en realidad más un desor­den que un verdadero orden, por mucho que el discurso al servicio del sistema afirme lo contrario y nos asegure que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Será quizá para una mi­noría privilegiada, pero no para la mayor parte de la gente.

(…)El brutal contraste entre la cruda reali­dad y la imagen apologética que de ella di­funden las tribunas adictas al sistema de­muestra, por sí solo, el grado de cinismo y de impudicia a que han llegado los administradores del poder, a los que personalmente considero como a una de las clases dirigen­tes más irresponsables e ineptas de la histo­ria universal y, a la vez, más presuntuosas y pagadas de sí mismas, sin hablar ya de su insaciable codicia material. Dos cosas me repugnan de ellas: sus discursos ditirámbi­cos sobre sus supuestos éxitos y el silencio que guardan sobre lo que Pierre Bordieu llamaba “la misère du monde”. Hago mías las palabras que Platón escribió en su Poli­teia: “El peor castigo es el de ser gobernado por los malos o viles”. Y de manera pareci­da Demócrito en sus escritos éticos: “Es difícil tener que recibir órdenes de alguien in­ferior”. ¿Qué pensar de una civilización que lo somete todo al principio de lucro? ¿Y qué es el ‘imperium mundi’ erigido por las po­tencias occidentales sino otra cosa que el imperio del dinero? Hoy más que nunca se confirma la enseñanza de Platón: quien vi­ve con el solo objeto de acumular riqueza no puede ser virtuoso ni hacer el bien.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 19-25 de Octubre de 2007. nº 340.

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