Sabemos de sobra que nuestra clase política tiene una imposibilidad metafísica para asumir responsabilidades, cuando las cosas van mal, claro. Pero creo que esta realidad está empeorando con la circunstancia especial de que en los últimos años, no solo se niegan a admitir que han metido la pata en su gestión, sino que nos echan la culpa a nosotros, los paganos.
Un ejemplo de esto es el problema del agua. En España, el 20% del agua transportada por las distintas canalizaciones se pierde; esto es responsabilidad directa de quien gestiona estas infraestructuras. Pero además, hagamos un poco de historia.
La que ahora es Ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, en los gobiernos de Felipe González elaboró un plan hidrológico, que no puso en marcha. Llegado Aznar al gobierno, lo primero que hizo, por supuesto, es parar dicho plan, para elaborar uno muy parecido, que tampoco llegó a entrar en funcionamiento. Pues bien, con la Narbona otra vez a cargo de esa responsabilidad, esta vez con Zapatero, vuelve a parar el plan hidrológico –que como decimos, era prácticamente igual al que ella elaboró en los 90- e inventa un nuevo plan, basado en las desaladoras, que prácticamente no se ha desarrollado cuando están a punto de acabar los cuatro años de legislatura. Quizá porque los grupos ecologistas le han dicho a la ministra que planifique más –necesidades de agua y coste de producción con este tipo de plantas-, antes de cargarse el litoral poniendo plantas desaladoras. Temo que este invento mal diseñado, nos costará mucho dinero, echará a perder zonas protegidas y no solucionará el problema.
A pesar de lo visto, toda la publicidad que emana de los distintos poderes nos viene a decir, que si este país sufre sequía es porque derrochamos agua diariamente –de las inundaciones todavía no nos culpan-. Cuando sólo un 15% del total del agua se destina al consumo doméstico. Por supuesto, ni palabra sobre desmanes urbanísticos varios.
Lo importante de este cúmulo de incompetencia de todos los que han sido responsables del tema del agua, es que casi estamos en el 2008 y se ha hecho muy poco. Así, hasta que un día nos pille el toro, y se tenga que hacer todo deprisa y mal, como siempre.
Hasta ese momento, seguirán echándonos la culpa a nosotros, entre otras razones, para poder exhibir su enorme caradura, y un buen día decirnos, que ya nos advirtieron de que teníamos que gastar menos agua. Entonces, boquiabiertos, pensaremos una vez más: ¿Por qué les permitimos que nos hagan esto?