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Un nuevo sistema electoral

Hace un tiempo recibí un mensaje de un grupo de ciudadanos que apoyan un manifiesto por la reforma de la actual ley electoral. Y me gustaría comentar el tema, porque siempre he mantenido que el sistema político que tenemos en España no es una democracia, sino un régimen de libertades, donde los ciudadanos prácticamente no pintamos nada.

La propuesta que se hace en el manifiesto, se refiere principalmente a la modificación del sistema proporcional, para que los votos de los ciudadanos tengan el mismo valor en todas las regiones. Esta modificación permitiría que partidos que ahora son minoritarios tuvieran más peso y, por tanto, que las personas que les votan, se sintieran representados, pero no creo que sea la solución para conseguir que en España tengamos una democracia representativa real.

De todas las propuestas que he leído, creo que la más interesante es la que expone el profesor Fernando Prieto. En ella se condensa lo mejor de los sistemas democráticos, y se plantean las correcciones sobre los defectos que tienen –defectos para él y para mí-.

De lo que estamos hablando es de un sistema electoral donde los ciudadanos elijamos representantes, con todo el significado de esa palabra, es decir, alguien a quien podamos pedirle cuentas, saber lo que hace, alguien con nombre y apellidos a quien contarle los problemas que tenemos y pedirle soluciones –o incluso dárselas-. Una persona que para salir elegida deberá tener nuestra confianza, y no la del jefe del partido.

De una democracia así está más cerca el sistema inglés, por ejemplo, y está a años luz España. Pero aún así, en el sistema inglés, como bien indica don Fernando –no dejéis de leer su propuesta-, con un representante por distrito, hay muchas personas que se quedan sin representación, por lo que propone su mejora permitiendo más de un escaño por distrito. Así, tendríamos una representación muy fiel de la realidad social en las cámaras.

Termino con la idea de que una reforma como la que proponen en el manifiesto, sería un paso hacia adelante para conseguir cambios más importantes. Pero que cualquier cambio necesitará una de dos situaciones: o un acuerdo de los dos grupos mayoritarios –poca fe tengo en ello-, o una petición mayoritaria de los ciudadanos de este país.

la mejor política de vivienda es la que crea el marco para que la diferencia entre salario y precio de la vivienda (tanto en compra como en alquiler) sea razonable y estable al margen de las tensiones especulativas y de los ciclos económicos.”

Esto, que parece razonable, es lo que pide la Plataforma Por Una Vivienda Digna. Para conseguirlo, el gobierno ha de tomar medidas que le resultan incómodas. Además, el relator de la ONU, afea la conducta al amigo de las civilizaciones, que parece menos amigo de sus gobernados –bueno, sólo de los de cuenta con poca cifra-.

Lean este artículo del boletín de PVD, y asómbrense –si todavía pueden- de la máquina de propaganda que es un partido político. Como decía aquel, “ni una mala palabra ni una buena acción”.

En torno al relativismo

Desde hace algún tiempo, las tribunas mediáticas y las plataformas políticas dedican un gran espacio al tema del relativismo, sea en sentido afirmativo o negativo, según su filiación ideológica. Y como es proverbial en nuestra incultura dialógica, las posiciones de cada respectivo bando no pueden ser más tajantes: los defensores del relativismo tachan de dogmáticos, fundamentalistas, cavernícolas y enemigos del progreso y la libertad a quienes les atacan, a lo que éstos responden acusando a sus detractores de carecer de principios tanto religiosos como morales. Lo primero que personalmente me llama la atención es el bajo nivel de la polémica, así como su burda instrumentalización como arma política, de manera que lo que en sus raíces es un problema filosófico – como todas las grandes cuestiones – degenera en pugna mitinera de tres al cuarto.

Si quisiéramos buscar un precursor del relativismo lo podríamos encontrar en Heráclito y su tesis del ‘todo fluye’. O también podríamos recordar a Protágoras y demás sofistas, que rechazaban las verdades objetivas para admitir únicamente como válidas las que convenían a cada sujeto particular. No menos patente es el parentesco entre el relativismo y el escepticismo de Pirrón y sus discípulos. Pero todo esto queda muy lejos y no tiene mucho que ver con el relativismo postulado hoy por determinadas corrientes de pensamiento. Los partidarios del relativismo actual se consideran a sí mismos como hijos legítimos y predilectos de la libertad y la autodeterminación y, por ello, como herederos del liberalismo. Pero esa presunta herencia es más que dudosa, pues si es cierto que el liberalismo postulaba la libertad individual frente a todo tipo de coacción, no lo es menos que esta defensa de la libertad iba unida a principios morales irreversibles, y, por tanto, todo lo contrario de relativistas. Y el primer principio era el de que la libertad individual termina allí donde empieza la de los demás, una tesis que recorre como un hilo de Ariadna todo el pensamiento liberal, desde John Locke a Kant. Los relativistas de nuevo cuño olvidan que el liberalismo clásico asumió, a través del Renacimiento y de la “humanitas” moderna, las enseñanzas morales de la cultura grecorromana; de ahí que Shaftesbury elogiase el “moral sense”, David Hume eI “altruismo” o Adam Smith los “moral sentiments”, para no citar sino algunos ejemplos representativos. El relativismo postmoderno hoy reinante lo ha relativizado todo menos al propio sujeto individual, al que ha absolutizado; he ahí su contradicción fundamental y lo que le separa abismalmente de los padres del pensamiento liberal, ya que a diferencia de éstos no se sienten atados a ningún precepto ético o comunitario y obran en consonancia con la máxima del ‘anything goes’ proclamada por Paul Feyerabend o, aún peor, con el amoralismo egocéntrico del “Único” de Max Stirner. Por lo demás, afirmar que todo es relativo incluye en buena lógica el propio relativismo.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 14-20 de Marzo de 2008. nº 361.

Post-electoral

Aunque no había publicado nada después de las elecciones, no ha sido a causa de una depresión por los resultados. No, no he tirado la toalla pensando que seguiremos siendo la región exótica de Europa por muchos años. No.

Aunque entenderán que esté triste por cómo han votado los españoles. En primer lugar porque una parte importante a ejercido el nefasto voto útil, ese que te lleva a votar lo que no quieres para fastidiar a otro. Gracias a eso, mucha gente de izquierdas de este país se quedará sin representación en el parlamento; y no hablo de capacidad para influir en las decisiones del gobierno, sino de denunciar las políticas perjudiciales para los ciudadanos que se decidan. A partir de ahora, los medios se olvidarán de Izquierda Unida –sarcasmo de nombre- y sólo oiremos a los dos de siempre litigar por el sexo de los ángeles, mientras se ponen de acuerdo en subirnos la presión fiscal, a la vez que siguen reduciendo el tipo máximo en la declaración de la renta –sí, a ver cuando nos enteramos, que pagamos muchos más impuestos indirectos que directos-.

Triste, como digo, porque va a ser un parlamento de dos. Los dos monstruos que hemos creado y que se tragarán nuestra democracia, con sutileza, eso sí. Y eso nos llevará a que no habrá debate sobre los temas que nos interesan –bastante perdido ya-y, por tanto, los ciudadanos recibirán más y más propaganda a través de los medios, y menos información.

También triste porque UPyD con trescientos mil votos, sólo tiene un escaño, y el PNV, con algo menos, tiene seis. Que ya he oído a más de uno decir que miremos lo mal que están en Italia por tener una ley electoral que permite minorías –molestas, añado yo-. Que viva la estabilidad emanada de la propia dictadura. En fin, que mejor gobernados por dos y de buena familia, como debe ser.

Pero también estoy contento porque cuanto más nos cierren el parlamento, más nos obligarán a salir a la calle –como le sucedió a Felipe González-. Cuanto más intente ignorarnos, más nos empujan a unirnos y defendernos. Y me da que los próximos cuatro años van a ser de esos –quizá es lo que buscaban la gente de izquierdas, motivos para salir a la calle-.

A pesar de que los resultados muestran que mis preocupaciones sólo las comparte una minoría en este país –cosa que ya sabía-, seguiré apostando por una democracia real, en la que nuestras ideas estén representadas con la mayor fidelidad en el parlamento. Y sobre todo, que seamos nosotros, los paganos, quienes controlemos a los gobernantes y no al revés.

Decadencia institucional

He comentado alguna vez, que una de las graves perversiones a que nos está llevando el sistema político que padecemos, es la auto obligación que tiene la clase política a planificar sus proyectos a corto plazo, es decir, para que los resultados se vean en las próximas elecciones.

El caso de Eduardo Moreno creo que es un ejemplo de esto. No puedo imaginar que quienes deciden qué proyectos recibirán ayuda económica, no sepan advertir la valía de lo que se les propone. Más bien pienso que estas personas saben que su “evaluador político” no dará paso a una investigación larga y que no pueda airear como un logro mediático. Una labor de investigación fructífera para un país ha de ser lo contrario: callada, constante y a largo plazo.

El bueno de Eduardo comenta, que no entiende lo que ha sucedido con su proyecto. Y es que, es difícil de entender aplicando el sentido común y algo de racionalidad, pero es muy fácil si seguimos la trayectoria del enorme cáncer –especialidad del propio Eduardo- que afecta a las instituciones del estado, a todas aquellas tocadas por el virus de la clase improductiva.

Sobre esto, leía en La Clave la semana pasada, como, últimamente, las medallas que se dan a los policías, aquellas que conllevan aumento de sueldo, recaen en aquellos miembros de los distintos cuerpos que no salen del despacho, mientras que los que están en la calle jugándosela, sólo reciben premio cuando han sufrido heridas. Supongo que con el objetivo de tener contentos a los mandos que un momento determinado puede echar una mano al poder político. Un efecto más de este cáncer, que poco a poco llevará a los policías a actitudes acomodaticias, como pasa en la sanidad, o en la educación, o en otros ámbitos donde los políticos se meten a mangonear y no dejan que los profesionales hagan su trabajo adecuadamente.

Volviendo a Eduardo, descubro que recibió un reconocimiento del gobierno anterior; esto también habrá influido a la hora de tomar la decisión en el ministerio, ya que es una de las reglas no escritas que se siguen hoy en día: si fue bueno para los otros no puede ser bueno para nosotros.

En fin, ejemplos penosos del deterioro continuo que sufren todas las instituciones sobre las que se debe apoyar un estado. Decadencia que continuará hasta que los ciudadanos de este país decidamos pararla.

El ceremonial electoral

Nada ilustra mejor la escasa credibilidad de los partidos políticos que el tipo de discurso que practican no sólo pero especialmente en períodos preelectorales y electorales. En esencia, se compone de dos técnicas: la erística y la sofistica. La primera está destinada a desprestigiar a los demás partidos, la segunda a glorificar el propio. Da grima ver como figuras públicas con grandes responsabilidades sobre los hombros se convierten, durante los litigios electorales, en vulgares charlatanes de feria y demagogos de tres al cuarto. No puede sorprender que el resultado de todo ello sea una mezcla híbrida de baile de disfraces, de examen de fin de curso, de concurso de retorica, de juegos florales, de operación comercial y de función de circo.

(…)El ceremonial electoral es sólo un entreacto, aunque cada vez más largo; pero apenas concluido y una vez apagadas las luces del escenario, sus protagonistas dejan de representar sus papeles de gala para volver a fastidiar con nuevas leyes generalmente innecesarias o contraproductivas al mismo electorado al que en la víspera han estado adulando y mendigando su voto. Y todo para el propio bien de los gobernados, se sobreentiende. Porque en los “tiempos modernos” a que Charles Chaplin se refería en su famosa y genial película, gobernar significa promulgar el mayor número posible de leyes, ordenanzas y disposiciones, y ello con la mayor rapidez posible (…).

Lástima que, en medio de su fiebre innovadora, los gobernantes no encuentren la calma y el tiempo necesarios para concebir y promulgar leyes que, en vez de complicar, empobrecer y amargar cada vez más la vida personal y social de los ciudadanos, la simplifique, la enriquezca y la haga más llevadera de lo que en general es ahora. ¿Es mucho pedir?

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 15-21 de Febrero de 2008. nº 357.

Telefónica y sus amigos

Vergüenza producen nuestros gobernantes cuando salen en defensa de Telefónica cuando la UE le pone una multa por prácticas monopolísticas.

Vergüenza y desprecio a esta gentuza que se vende por el dinero de vivir la vida padre, mientras el resto de ciudadanos de este país tenemos que sufrir las tarifas más altas de toda Europa.

Nunca me cansaré de decirlo: cuando comprenderemos que no tenemos porque sufrir esta lacra de indeseables.

Paranoia del poder

La impostura y las falsas apariencias son algunas de las características definitorias de nuestra clase política. Y el gobierno actual ha vuelto a demostrar que su pose progresista, acaba justo donde la libertad le molesta a su ansia de poder.

Me llega de Amnistía Internacional una noticia que he tenido que leer varias veces para poder creerla. El gobierno está prohibiendo un video perteneciente a una campaña de Amnistía, porque dice que es propaganda política. El video en cuestión pide, como no, que una serie de países cumplan los derechos humanos que ahora maltratan a diario.

La explicación a tal disparate no la sé, sólo alcanzo a imaginar que como los personajes que aparecen en el video, los hemos visto recientemente con el señor Zapatero, pensaran las lumbreras que nos gobiernan que están atacando a este señor.

Como digo siempre, de mal en peor y sin remedio posible. A estos personajes que se llaman servidores públicos, sólo les preocupa la pérdida del poder, y en su paranoia, van contra todo aquello que vean como una amenaza. Y no respetan nada.

Educación y ética

(…) Los modelos pedagógicos vigentes en España y demás países Occidentales no se basan naturalmente ni en las enseñanzas de Fourier ni en las de otros grandes educadores como Rousseau, Kant o Robert Owen, sino en el ideario burgués-capitalista. De ahí que lo que los alumnos y estudiantes aprenden este determinado en alto grado por lo que Max Horkheimer llamaba “razón instrumental” y Ernst Bloch “ideología del cálculo”. No puede sorprender por ello que el objetivo central de la educación hoy predominante no sea el de fomentar el desarrollo armónico del niño, adolescente o joven, sino el de someterlo a los intereses utilitaristas del sistema. Kant decía que el objetivo más importante de todo proceso educacional es la “formación del carácter”. Este elemento ético ha sido eliminado en gran parte o totalmente de los planes de estudio, lo que explica también la creciente reducción de los estudios de Humanidades y el sometimiento de la enseñanza a los intereses del gran capital. Lo que quieren son robots que al salir de los centros docentes sean capaces de ejecutar mecánicamente las funciones laborales exigidas por las necesidades de la economía. Lo demás les tiene sin cuidado, por ejemplo que el niño tenga que aprender cosas contrarias a sus inclinaciones subjetivas, a su edad temprana y a su instinto de juego, un factor que Rousseau consideraba como indispensable para toda pedagogía racional. Y el resultado final de este tipo de educación tecnocrática y desmotivadora está a la vista, no sólo en España: interrupción de los estudios, notas insuficientes, hostilidad a los maestros y profesores, frustración, resentimiento y estallidos de violencia abierta. Y ello no puede sorprender, o sorprender únicamente a los políticos, pedagogos y comentaristas mediáticos que meten la cabeza debajo del alón y no quieren admitir o no se dan cuenta de que los problemas a que se enfrenta la “paideia” actual no son más que la reproducción de las contradicciones y aporías existentes en la propia sociedad.

(…), Lo que hace casi 200 años escribió Robert Owen en su “A new view of society” es también válido para hoy: “Para que todo Estado sea bien gobernado, tiene que dirigir su principal atención a la formación del carácter, lo que significa que el Estado mejor gobernado será aquél que posea el mejor sistema de educación”.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 28-3 de Enero de 2008. nº 350.

Un alto en el camino

(…) pienso inevitablemente en los millones y millones de personas que en otros sitios, en otras ciudades, en otros países y en otros continentes tienen motivos para sentirse desgraciados. Porque también eso pertenece a los altos en el camino de que estoy hablando: abarcar con nuestra mente lo que existe y sucede lejos de nosotros. El promedio de la gente cree que el mundo empieza y termina con ellos; por eso viven encerrados en la caverna que Platón describe en su “Politeía” para mostrarnos lo que es el conocimiento angosto y destotalizado. Aunque haya sido constantemente manipulado por la filosofía y la política, el concepto de totalidad es imprescindible para tener acceso a una imagen completa de la realidad. Lo demás es solipsismo y reduccionismo, que es el modo de mirar y pensar propio de una sociedad que, como la nuestra, no reconoce otros valores que el individualismo posesivo, el consumismo, el hedonismo y otras variantes del soez materialismo reinante.

Extraído del artículo de Heleno Saña en La Clave 21-27 de Diciembre de 2007. nº 349.

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